Coquetear con el ruso.

1596 Palabras

Habíamos llegado a la mansión casi a la media noche. Le habían cambiado el cabestrillo del brazo a Alexandro por uno más práctico y ya no se sentía tan incómodo. Sin embargo, yo sí me sentía incómoda, de camino acá estuve reflexionado acerca de los fantasiosos pensamientos que tuve y llegué a la conclusión de que me había vuelto momentáneamente loca. Todo era culpa de aquel beso, si Alexandro no me hubiera besado mi subconsciente no se hubiera imaginado todas esas tonterías. —Vaya, la decoración no ha cambiado nada—Señaló y yo trague en seco. Decir que no ha cambiado nada sería decir un eufemismo, Alexandro Tarasov me había dado una lista de lo que podía o no podía hacer en la mansión, no mover ni cambiar ningún mueble encabezaba la lista. —Yo eh… no tengo buen gusto—Me excusé. Alexandr

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