[KIAN] 26 de diciembre El cielo de Miami está nublado cuando salimos de la casa de mis padres. Una brisa suave mueve las palmeras, y el aire tiene ese olor a sal, humedad y eterno verano que siempre me transporta a otra época. A una versión más joven de mí. A una vida que se sintió eterna mientras duró… y que se quebró demasiado pronto. Caeli me mira desde el asiento del acompañante con Asaí dormida en su portabebés. Sus ojos están llenos de una dulzura silenciosa, esa que usa cuando entiende sin que yo explique nada. —¿Estás seguro de que querés ir hoy? —pregunta en voz baja, apoyando su mano en mi brazo. Asiento. —Sí… lo necesito. Y quiero que ustedes estén conmigo. Ella entrelaza sus dedos con los míos. Ese gesto, tan pequeño, tan tierno, me acompaña durante todo el trayecto. […

