Tomás.
Era un día tranquilo en la comisaría, es una ciudad caótica y que esta noche de sábado sea calma hay que agradecerlo.
Charle un rato con mi prometida, cenamos con mis compañeros y estábamos preparándonos para una ronda de patrullaje cuando recibimos una llamada de un disturbio en un club.
Me maldije mentalmente por haber abierto la boca, nunca, nunca debes decir que el día va tranquilo, es señal para llamar a los problemas. Y acá estaba yo rumbo a un disturbio, donde seguro un par de borrachos hicieron un lío terrible y yo tendré mucho papeleo para hacer. Odio cuando me toca trabajar los fines de semana, es caótico y me pone de malhumor.
Y si mi prometida me cuestiona porque sigo siendo policía cuando tengo una carrera de abogado y doy cátedras de criminología en la universidad, la respuesta es sencilla hago una diferencia. Me siento útil atrapando a los malos, cosa que no conseguí con la abogacía. Si hoy estoy en un disturbio, pero generalmente tengo casos importantes. Soy detective de mi departamento y estoy en el área violencia doméstica, hoy solo estoy cubriendo a un amigo que fue papa y no podía negarle el favor.
Cuando llegue al club y vi como pelaban sabía que no iba a ser fácil y más con la chiquita de boca sucia que provocaba al chico ensangrentado. Lo que nunca espere fueron dos cosas, que intentara huir y que me besara.
Después de colocarle las esposas y girarme a mis compañeros, vi sus caras y supe que estaba en problemas.
-Ni una palabra- y todos asintieron.
En el viaje a la estación escuchaba hablar a las dos chicas y me di cuenta de que la que me beso tenía carácter, pero en sus ojos había algo más. Tal vez tristeza, no estoy seguro. Pero el carraspeo de mi compañero me hizo darme cuenta de que la miraba fijamente y aparte la mirada, aunque la chiquilla me sonrió pícaramente por el espejo retrovisor.
Cuando llegamos deje que los chicos las bajaran y ficharan y me aleje de ellas, no sé qué me pasa, pero algo en ella me atrae y no es por el maldito beso. Lo que si se es que es una niña y debo alejarme, por lo que reviso sus pertenencias y encuentro como contacto a Paul Wolf y me encargo de llamarlo, es su padre.
-Señor Wolf- digo cuando contesta.
-Sí, ¿quién habla?- suena dormido y no es para menos son las 3 de la madrugada.
-Soy el oficial Simpson, llamo porque su hija fue arrestada.
-¿Arrestada?- dice sin creerlo- es imposible que sea mi niña.
-Lo es señor necesito que venga por ella y traiga un abogado.
-Yo seré su abogado, ahora voy- dice colgando.
Después de terminar la llamada me quedo en un rincón en las sombras observando a Anastasia, su celda esta frente a la de sus supuestos agresores y no se achica, responde a cada agresión con valentía y eso me hace reír, tiene fuego en su espíritu.
Decido que ya vi suficiente y voy por los chicos que arrestamos para interrogarlos, cuando paso por la celda de Anastasia me mira con carita de cachorro abandonado.
-Señor policía, ¿cuándo me puedo ir?- dice en plan no mato una mosca.
-Cuando su abogado llegue- digo serio y la cara de pánico que pone me da curiosidad.
-¿A quién llamo?- dice casi gritando.
-¿Eso es importante?- digo y me está gustando provocarla.
-Para mí es de vida o muerte señor. Por favor.
-Yo no hago favores a borrachas irrespetuosas.
-¿Es por el beso?- dice casi gritando y me enoja.
-Escucha bien mocosa, nunca más vuelvas a mencionar eso.
-Entonces respóndeme- exige.
-No me podés obligar, lo sabrás cuando llegue- digo y me alejo.
-Sos un maldito cabrón, solo quiero saber si es él o ella- dice casi sollozando, pero la ignoro y me llevo a los agresores.
Cuando interrogo a los 3 agresores, dos dicen que no las tocaron y se acercaron porque su amigo sangraba y el que está lastimado lanza que la chica sin razón le partió una botella en la cabeza. Lo dejo que hable y haga su descargo y sonrió cuando termina de hablar.
-Sabes que el club tiene cámaras en todo el lugar ¿No?- suelto y la cara se le pone pálida.
-Ella me provocó- dice dudando y me encanta verlo vencido, es un maldito abusador.
Odio a los tipos que se creen con derecho sobre una mujer y aprovechan la diferencia de tamaños para imponerse.
-Sabes que te puede demandar y hundirte ¿Verdad?
-Mi papá no lo va a dejar- dice sin más.
-Veremos que papa es más poderoso- digo y salgo riendo.
Cuando salgo de la sala de interrogatorios me avisan que el señor Wolf llego y voy a su encuentro.
-Señor Wolf, soy el detective Simpson- digo y extiendo mi mano para saludarlo.
-Un placer, donde está mi niña.
-Está en una de las celdas.
-¿Qué paso? Mi niña es buena, nunca haría nada ilegal.
-Hubo una pelea en un club y estamos intentando esclarecer que paso, hasta ahora parece que un sujeto se quiso propasar y ella lo lastimó, pero necesito su versión de los hechos.
-Claro, ella va a colaborar.
Y así nos dirigimos hacia la sala de interrogatorio a la espera de que traigan a Anastasia, cuando entra sus ojos pasan de mí a su padre y su cara recupera color.
-Papi- grita y Paul va a abrazarla, el oficial quiere impedirlo, pero le hago seña de que está bien.
Y parece ser que esta es la persona que esperaba que apareciera, lo que me deja la duda de a quien le tenía miedo.
Después de que su padre le advierte que no mienta y cuente todo lo que paso, ella le hace caso, pero omite cosas importantes como el hecho que provoco descaradamente a su agresor y que me beso y eso último lo agradezco, no creo que a su papá le agrade la idea de que me besara.
Como todo quedo claro, le digo que puede llevársela, pero tiene que hacer el papeleo y me voy dejándolos solo. Miro la hora y ya casi amaneció, lo que indica que mi turno termino y voy por mi bolso y emprendo la marcha hacia la puerta para irme.
-Ey Simpson- dice mi compañero Lewis- no te olvides que el próximo fin de semana tenemos tu despedida de soltero en Reblox.
-Ya te dije que no quiero- digo sin ganas.
-Un casamiento sin despedida de solteros no es casamiento. Déjalo todo en mis manos, hasta ya te conseguí el día libre.
-Sos un maldito bastardo- digo riendo.
-Vamos solo te casas una vez- dice y lo miro serio- ok ok es tu segunda vez, pero la despedida se hace- dice sin más.
Y cuando giro la cabeza para saludar a los chicos de recepción veo los ojos iluminados de Anastasia que me sonríe con picardía. Aparto la cara rápidamente y me marcho del lugar.