Robin se despidió de André, blanqueo los ojos al entrar al auto, su hermana realmente era un dolor de cabeza, tuvo suerte de encontrarse con su amigo en esta reunión. Su hermana había vuelto más rebelde que antes, medito Robin. —Si suspiras así, se te saldrá el alma —se burló su hermano. —¿Qué? Deja de decir tonteras. ¿Me estás vigilando? —¡Tal vez! Sabes una cosa, él es soltero aún, de hecho, me han dicho que nunca estuvo interesado en una mujer hasta que tú llegaste, aunque tampoco es un santo, en verdad… Ningún hombre es un santo. —No sé por qué piensas que me interesa ese hombre —se hizo la desinteresada— Y Robín, no vengas a decirme cosas sobre soltería, que yo sepa, tú tampoco tienes pareja, ya es momento que te busques una. —Quieras o no hermanita —el hombre se recostó sobre el

