Mientras, Claudine se había convertido en una mujer muy famosa, no solamente por sus vestidos, sino por su templanza y compasión al necesitado. Ella estaba en su casa, tomando un poco de té, mientras sus amigas le daban informes sobre la tienda que estaba por abrir en otro estado de los Estados Unidos, de la cual, ambas chicas se habían encargado personalmente. Eran una de las pocas a las que Claudine apreciaba y les tenía confianza, tanta, como para dejarlas dirigir otra empresa en su nombre. —Me alegra ver que las cosas vayan bien —aceptó la joven— Ya saben cómo quiero las cosas, así que lo dejo todo en sus manos. No me defrauden. —Si Clau, por eso ni te preocupes. —la joven asintió y siguió tomando su té en compañía de sus amigas. Aunque había confianza entre ellas, ninguna se atreví

