NARRA KAI SPENCER —¿Lo quieres ver? —pregunta de repente, mientras tomamos el desayuno en la azotea de la habitación. El viento oceánico ondea las mechas de su cabello y tiene que pasarse las manos por este, para poder acomodarlo detrás de sus orejas. —¿El qué? —cuestiono, pues no tengo idea de qué está hablando. —¡Al bebé! —exclama, como si fuera demasiado obvio lo que dice—. ¿De qué más podría estar hablando. Se lleva un pedazo de panqué a la boca y yo me hundo de hombros, para contestar la última pregunta. —¿Cuándo? —indago, volviendo a la pregunta principal—. Y, ¿dónde? —No sé —murmura, y también se hunde de hombros—. Quizá hoy, por la tarde. Veré si puedo hacer una cita con un ginecólogo, para que... Ni siquiera la dejo que termine de hablar, porque la verdad, solamente con l

