NARRA NOAH —¿Entonces tienes 29 años? —le pregunto. —Así es —responde, ladeando una sonrisa tan varonil y tan llena de picardía, sobre ese rostro que parece el de un inocente niño—. Creo que apenas te paso por unos meses, pero soy mayor y tendrías que obedecerme en todo. Se inclina sobre la mesa y acomoda un mechón de mi cabello, detrás de mi oreja. El gesto me pone nerviosa. No porque me esté comportando como una adolescente inocente y virginal, sino, porque intuyo sus intenciones y yo no estoy para esto. No lo quiero. Devon Fisher es guapísimo y, tal y como Lucille lo dijo, parece un extraordinario partido. Es caballeroso, atento, inteligente, tan amable, y un hombre extraordinariamente guapísimo, sexy y encantador. Sin embargo, no lo veo de ese modo. Por desgracia, mi corazón sigue

