Puntos claros

2368 Palabras

Abro la puerta del despacho, oyendo muy de cerca su taconeo detrás de mí. Una vez que entro, ni siquiera me molesto en cerrar la puerta o en ordenarle a ella a que lo haga. No tengo por qué encerrarme con Rina, ni siquiera tengo por qué recibirla. Si lo estoy haciendo, es para acabar con lo que sea que creó en su cabecita gracias a los meses en lo que estuvimos follando, en los que amanecí en su cama. —Toma asiento —le ordeno señalándole el sofá sin detener mis pasos—. Y mientras te pones cómoda… explícame por qué carajos te has atrevido a venir aquí sin yo haberte llamado, Ekaterina. Tomo asiento mirándola impasible. La manera en que cruza las piernas, con esa sensualidad que la caracteriza, sin duda es uno de sus tantos trucos para provocarme. Conozco el juego de Ekaterina porque fu

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