Angelica trata de descargar toda su frustración soltando un suspiro, pero claramente eso no la ayuda ni un poco en mejorar sus ánimos. Es el segundo día de trabajo, y al igual que el anterior no la dejan colaborar en nada, incluso intentó llevarles agua y algunos dulces a quienes, si están haciendo algo, pero el primero en recibir le dio las gracias antes de quitarle la vendeja y continuar repartiendo las cosas. - ¿Enojada? – la voz de un hombre la sorprende un poco, pero como siempre, logra ocultarlo con maestría y niega, dirigiendo su mirada bicolor hacia el señor que se sienta a su lado. El doctor del lugar. - Frustrada, quiero ayudar, no solo sentarme a ver lo que hacen los demás – vuelve la vista hacia donde estaba antes de la interrupción. Hacia los hombres y mujeres que están tra

