Al día siguiente, llegué al trabajo justo a tiempo para comenzar a trabajar. Judith se encargó de ponerme al día sobre la compaña que estábamos por realizar, una cosa grande y emocionante. De inmediato, me sentí parte de algo, de una multinacional exitosa. Los otros empleados del área de Marketing ya se habían enterado de que mi idea fue la elegida en la reunión anterior, que el mismo jefe la escogió y me daban sonrisas cuando pasaba a su lado, de alguna manera, los puse contentos y aquello me hizo sentir cómoda, podía sentir que eran un buen equipo.
Mi jefa y yo nos quedamos casi todo el día en su oficina, preparando todo, alistando para la próxima reunión, donde la compaña sería expuesta. Ya producción estaba realizando los cambios para la nueva colección de verano y RRHH estaba en busca de celebridades que quisieran trabajar con nosotros. Todos estaban haciendo algo, cada área se movía para facilitar que las cosas salieran bien, ya estaba advertido que un error y su trabajo podía pender de un hilo.
Mientras terminábamos con algunos permisos que Emmet tendría que firmar, Judith se me quedó mirando. Estaba vistiendo una falda negra en forma de tubo, se abrazaba a mi cuerpo, me moldeaba la cintura y me hacía ver mucho más estilizada. Encima, una camisa de lino color crema, con algunos botones sueltos. Unas medias pantis porque por la mañana seguía haciendo frio, mis tacones negros de tacón de alto y el cabello recogido en un moño desordenado. Tenía que admitir que me vestí pensando en ver la reacción de Emmet, de nadie más.
—Me sorprende que una niña como tú, tan inteligente, haya terminado con alguien como Brody —soltó de repente, casi me sobre salto por sus palabras.
Recordé que lo había dejado esta mañana tirado en la cama, roncando suavemente después de pasar más de la mitad de la noche jugando videojuegos. No le importaba que hoy tuviera examen, que necesitaría pasar si quería graduarse. De hecho, podía apostar a que ni siquiera se había acordado y seguía durmiendo, tan tranquilo porque a pesar de todo, su vida ya estaba resuelta. Eran dos mundos diferentes, Brody no se esforzaba por nada porque no tenía la necesidad, en cambio yo, necesitaba ferozmente esforzarme en cada paso para lograr hacer algo de mi vida.
Sin embargo, fruncí el ceño, porque tampoco iba a dejar que mi jefa hablara mal de mi novio en mi presencia. Brody no era malo, solo era un poco inmaduro para su edad, pero esperaba que con el tiempo pudiera entender que la vida era mucho más que diversión.
—Eso no es algo agradable para decir —murmuré, sin despegar mis ojos de los documentos.
Ella me dio una sonrisa amable.
—Y eres leal también, otro punto a tu favor —susurró, ni un poco ofendida por mi comentario. — ¿Sabes? Un día, te despertaras y te darás cuenta de que necesitas a tu lado a un hombre como tú, que le interesa algo más que la fiesta de una noche.
Dejé el lapicero sobre la mesa y la miré, un poco más que enfadada. ¿Por qué todo el mundo siempre estaba hablando mal de Brody? Mi hermano, Emmet, su madre, mis amigos, inclusive mi jefa, que también lo conocía. Ellos no sabían que, dentro de él, había mucha bondad. Anoche preparó una cena para mí, me hizo un masaje en los pies y me trató como una princesa. ¿Por qué no podían ver ellos las cosas buenas que tenía?
Judith sintió mi malestar, porque habló antes que yo pudiera hacerlo.
—Muy bien, lo entendí, lo amas —aceptó. — Concentrémonos en el trabajo. Ve a llevarle estas carpetas a Emmet, por favor.
Mi cuerpo se tensó, joder, no había esperado verlo hoy. ¡Basura! ¿A quién estaba engañando? Me vestí así para verlo precisamente, sin embargo, no me sentía preparada. Mordí mi labio inferior y Judith se dio cuenta, esa mujer era como un halcón.
—Despreocúpate, Emmet puede ser intimidante, pero no es un mal chico —aseguró, con una pequeña sonrisa. Ella pensaba que estaba así de nerviosa porque me intimidaba solo al ser mi jefe, si supiera las cosas poco profesionales que me decía. ¡Y que a mí me gustaban! — Créeme, lo conozco desde hace años, será un buen jefe, pero tiene que ser como una piraña al principio, necesita ganarse el respeto.
Asentí, levantándome y alisando mi falda, para ganar más tiempo. ella tenía un punto, seguramente todo aquí lo veían como un chico recién salido de la universidad, un niño que no tenía experiencia al mando de una empresa tan grande, pero nos sorprendió a todos la forma en la que despidió a Gerald ayer. Eso nos indicaba que no iba a dejar pasar ninguna y que cualquier fallo, lo notaría.
Aquello solo me puso más nerviosa, pero tomé las carpetas, que eran al menos cinco, pesadas y gruesas y las cargué con dificultad.
—Pídele a Osman que te ayude —pidió Judith, simplemente asentí, saliendo de la oficina. — Llamaré a Emmet y le diré que vas a su oficina.
No vi a Osman por ninguna parte, y no quería comenzar a tocar puertas buscándolo, así que caminé a paso decidido a los ascensores, podía yo sola. Marqué el último piso y esperé con impaciencia, más allá del peso en mis brazos, era mi corazón latiendo como un loco. Dios mío, verlo me causaba mariposas en el estómago y aquello era una alerta roja para mí. Debía darme la vuelta, volver a mi oficina y no salir de allí.
Pero entonces, eso no sería profesional de mi parte tampoco. Quería demostrarle a Emmet que era una mujer fiel, que no caería bajo sus tentaciones y que haría mi trabajo con éxito, sin involucrarme. Tal vez así se dignaría a dejar de amenazarme con folladas y cosas posiblemente deliciosas y placenteras, pero pecaminosas.
Las puertas se abrieron y respiré profundo, saliendo. El último piso era mucho más hermoso que todos los demás, más espacioso, más lleno de color y vida. Ventanales con vistas impresionantes, y tomando en cuenta que solo un puñado de personas trabajaba en el piso, las personas más cercanas a Emmet, como su secretaría, su asistente y algunos otros, era triste que nadie pudiera disfrutar de lo maravilloso que era el lugar.
Su secretaria, una chica alta y delgada, con el cabello rubio cortado al estilo Bob, no me dio ni siquiera una sonrisa apenas me vio. Se veía muy ajetreada, por lo que no me ofendí cuando me señaló la oficina de Emmet, donde la puerta ya estaba abierta.
—El señor Miller la está esperando —murmuró, sin levantar la vista de sus documentos.
Me encogí de hombros y seguí caminando, sin detenerme ni a tomar aire porque temía que me acobardara. Entré en la oficina, caminé rápido, y entonces, lo vi. Estaba mordiendo el lapicero, una manía que pensé un hombre como él no tendría, mientras revisaba algo en su celular. Lo que me hizo tropezar no fue eso, si no cuando sus ojos se despegaron del aparato y se encontraron con los míos, eclipsándome.
El peso, que ya casi no podía aguantar, fue demasiado, ligado a la jodida atracción hipnotizante que tenía hacia mi jefe, tropecé con mis propios pies y la alfombra Vinotinto del suelo. Perdí el equilibrio y mis brazos no aguantaron el peso, antes de que las libretas salieran volando cuando las solté. Me fui al piso, coloqué mis manos a mono de protección para evitar darme de boca.
Emmet saltó de nuevo de su asiento, vino hacia mí en seguida. Un dolor fuerte golpeó mi tobillo y jadee, haciendo que viniera más rápido. En tres zancadas estaba de pie delante de mí.
—¿Estás bien? —preguntó, parpadeando hacia mí con seriedad. — Joder, vamos a tener que prohibirte usar tacones.
Hice una mueca, me hubiese gustado responderle que se fuera al demonio, pero el dolor era más importante.
—Mi tobillo… —jadee, cuando se hizo más fuerte.
Toda expresión de broma se fue de su rostro.
—Ven aquí —ordenó.
No supe lo que quería hacer, hasta que me tomó en sus brazos, levantándome del suelo, como si fuera una hoja de papel. Jadee de nuevo, pero esta vez por la sorpresa y la cercanía. Mis brazos fueron a su cuello, porque no podía evitar agarrarme de él, aun sabiendo que no me soltaría. Pude respirar su exquisito perfume, saborear la cercanía y disfrutar del calor que emanaba su cuerpo.
Me colocó sobre el escritorio, con delicadeza. Una vez que estuve sentada, con suavidad apartó el tacón de mi pie derecho, el que se había lastimado. Las medias estaban rotas, lo que hizo que mis mejillas se encendieran en rojo. No podía sentirme más avergonzada, había intentado darle una imagen seria y profesional y terminé cayéndome por segunda vez, esta vez, rompiendo mi ropa.
Tocó mi tobillo y el dolor se disparó de nuevo, pero este era más suave. Mi tobillo seguía enrojecido, pero nada del otro mundo.
—Estoy bien —susurré, porque veía que estaba sinceramente preocupado. Sus labios estaban fruncidos, mirando mi herida.
—No lo creo, llamaré al médico para asegurarme —respondió.
Abrí la boca para responder y quejarme, porque lo veía excesivo, simplemente me había caído como una tonta, pero él tomó mis medias y las rompió en un simple movimiento. Salté sobre el escritorio, mirándolo como una tonta. El movimiento fue rápido y certero, no sentí ningún dolor, pero aquello hizo que mi estomago se agitara, mariposas que volvían a florecer dentro de mí.
—No las necesitas —explicó, al notar que lo miraba sorprendida. — Tienes unas piernas preciosas, lúcelas.
Por estúpido que pareciera, lo primero que me vino a la mente en ese momento fue que Brody siempre se quejaba cuando mostraba piel demás, y su hermano mayor me incitaba hacerlo. Estaba comparándolos, me di cuenta, un mal hábito que hice durante mucho tiempo antes de recibir ayuda.
—Emmett… —susurré, pero me quedé en silencio cuando sentí el roce de la yema de sus dedos sobre mi pierna, lento, cálido y sensual.
Sus ojos se encontraron con los míos, esas pestañas rizadas me dedicaron la más falsa mirada inocente. Él no hacía nada sin querer, me había dado cuenta de eso apenas lo conocí. De pronto, el ambiente cambió, todos se volvió más pesado, más tenso y s****l. El deseo estaba allí, como el día que nos conocimos, pululando alrededor. Era como una bruma invisible, nunca sentí tanta atracción por nadie, ni siquiera cuando pensé que estaba enamorada de mis anteriores novios.
—¿Qué ibas a decir, Arcadia? —preguntó, una sonrisa llena de conocimiento apareció en sus labios.
Sus dedos subieron sobre mis piernas hasta llegar a la rodilla, se detuvo un momento y aproveché para responder.
—¿Qu-é qué estás haciendo? —pregunté con dificultad.
Sus dedos siguieron subiendo, mi piel hervía, sus ojos quemaban en los míos.
—Tocándote, como el idiota de mi hermano no sabe hacer —respondió, tan descaradamente y seguro de sí mismo y de sus palabras como siempre.
Solté un suspiro cuando sus dedos llegaron a mi muslo, un escalofrió me recorrió el cuerpo.
— ¿Quieres que le cuente a tu hermano lo que estás haciendo? —inquirí, pero era débil mi queja y él lo sabía
Una sonrisa maliciosa apareció en sus labios.
—Como si me importara una mierda Brody —aseguró, con una sinceridad arrebatadora y hasta insultante.
Cuando llegó dentro de mi falda, estaba segura de que solo faltaban unos centímetros para llegar a mis bragas. Mi cuerpo zumbó adrenalina, Dios, como deseaba que lo hiciera, mi clítoris estaba palpitando, casi que dolía, demasiada necesitada de que me tocara.
—Esto es muy poco profesional —intenté de nuevo, buscando la manera en que se detuviera.
Se acercó a mí, pero sus dedos se detuvieron. Eso no importó, no cuando sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja, los estaba acariciando con su boca. Un escalofrío me recorrió la espalda y mi piel se erizó, cuando habló, podía sentir su aliento caliente allí, dándome más cosquillas placenteras.
—¿Qué harás entonces? —preguntó, retándome.
—Puedo ir corriendo ahora mismo a donde un abogado y demandarte por acoso laboral —respondí de inmediato, felicitándome por lo valiente que sonó mi voz. — Tal vez lo haga.
No respondió, se echó para atrás hasta que nuestros ojos se encontraron de nuevo. maldije internamente, porque mi amenaza solo pareció avivarlo. Ahora podía ver el fuego iluminando su mirada, estaba excitado y yo me volvía loca con cada segundo que pasaba cerca de él.
—Tomaré el riesgo —respondió.
No estaba mirándome, sus ojos se encontraban en mis labios. Lo sentí acercarse, tragué saliva al saber qué era lo que iba a ocurrir. Me besaría, podía ver la intención en su mirada, así que lamí mis labios y brillaron, era todo el incentivo que necesitaba. Lo deseaba, mi piel estaba caliente, mi sexo pulsaba con cada latido porque no me había tocado aun y eso solo hacía que el ambiente se pusiera más tenso. Si alguien entraba ahora mismo, aunque nos separáramos, se darían cuenta de que todo era diferente, de que había algo extraño en el aire.
Sus labios quedaron a centímetros del mío, podía sentir su aliento ahora y aquello me emocionó. Abrí mi boca, me incliné un poco y entonces… la imagen de Brody vino a mi cabeza. Me paralicé, Brody era mi novio más serio hasta ahora, el que más importancia tuvo después de los desfiles de hombres que pasaran por mi vida hacía unos años. Me prometí no engañarlo, me juré a mí misma que nunca más lo haría, no podía incumplir.
Sentí el roce de los labios de Emmett en los míos y usando toda mi fuerza de voluntad, utilicé mi pierna buena y lo golpeé en la entrepierna. Jadeó, soltando el aire y se inclinó, protegiendo sus pobres bolas, aunque ya el daño estaba hecho. Me fulminó con la mirada, aunque había notas de diversión en su mirada, no estaba sonriendo.
—¡No vuelvas a tocarme en tu vida! —exclamé, agitada. Aunque no era por la rabia y ambos lo sabíamos. — No soy un juguete con el que puedes jugar y divertirte.
Con dificultad, me bajé del escritorio. Mi tobillo seguía doliendo, pero Emmett parecía más adolorido, sus ojos brillaban en dolor. Por un momento, me sentí mal por haberlo golpeado, pero se lo merecía. Aquello podía acarrear mi despido, pero sabía que no lo haría, no sabiendo que estuvo a punto de besarme en su propia oficina. Más allá de alardear que no le importaba, estaba consciente de que una demanda arruinaría la reputación de la empresa para siempre.
Hice una mueca cuando intenté caminar hacia la salida, las carpetas seguían esparcidas por toda la oficina, pero no me importaba, podía recogerlas él mismo.
—Detente Arcadia —ordenó, recuperándose poco a poco. — Está bien, no volveré a tocarte, al menos que me lo pidas, pero no vas a irte hasta que llame a enfermería.
—Estoy bien —suspiré, solo quería irme, salir de la oficina y respirar con tranquilidad después de aquel momento tan intenso.
—Te lo estoy ordenando como tu jefe —dijo, demandante, volvía a ser el mismo hombre de la sala de juntas, si antes era intimidante, ahora lo era mucho más. Por lo que no tuve la valentía para negarme, ya había excedido mi limite pateando sus pelotas. — Siéntate en el sillón, te ayudaría hacerlo, pero acabo de prometer no tocarte.
Fruncí el ceño, era obvio que estaba esperando a que me retractara, sin embargo, no lo hice.
No lo haría, no a menos que quisiera serle infiel a Brody.
Pareció leer mis pensamientos, porque esbozó una sonrisa.
—Pero créeme, me pedirás que lo haga —aseguró, tan seguro de sí mismo que era insultante. — Más temprano que tarde lo harás.
—No eres tan sexy —respondí, caminando con dificultad hacia el sofá para sentarme.
Escuché su risa oscura y baja detrás de mí, pero no hizo ningún otro comentario, ya había dicho todo lo que importaba.