Miré fijamente el estúpido y precioso cuadro, sentada en el medio de la cama, tratando de pensar en si estaba bien quedármelo o no. Si hubiese sido más como la Arcadia del pasado, habría ido ya mismo a una tienda de antigüedades y venderlo por un precio que me hiciera millonaria, en cambio, estaba sentada en mitad de la cama, pensando en Emmett. Iba una dura y lenta semana sin él, sin sus besos, sin sus abrazos, sin sus jodidos buenos desayunos, sin que me follara hasta dejarme tan agotada, que apenas podría moverme. Me hubiese encantado fingir que no lo quería, que su ausencia no dolía, pero no podía mentirme a mí misma, ser hipócrita nunca había sido uno de mis defectos. Por el contrario, cada día lo pensaba más, lo quería más y verlo en la empresa, aun sabiendo que no podía acerca

