»El hombre me cogió del brazo y me llevó a un lugar que era donde él oraba al ALTÍSIMO, y estando allí me dijo, “Ponte de rodillas y con la cabeza en el suelo que vamos a orar”, y cuando estuve así escuché al ermitaño que decía,” Oh ALTÍSIMO, aquí está el joven a quien quieres hablar, ¡te escucha!, aunque su corazón aún no está preparado”, y nada más dijo, y entonces en la cueva se escuchó una voz que dijo, “¡Joven!”, y me llamó por mi nombre, ¡quiero decirte que, si me das tu consentimiento, serás mi elegido, pero quiero que antes de responder lo pienses tres días. »Durante ese tiempo pondré en tu mente una voz que te indicará el bien y el mal, según tú vayas haciendo por ti mismo, así la escucharás, es decir, primero obrarás y luego la escucharás”. Esto me sorprendió y me atreví a decir

