*** Avery tenía todavía la pistola delante de él. Olas de humo salían desde la punta, el olor agrio de la pólvora generaba como una especie de burbuja a su alrededor. «Tenía miedo de golpearte a ti» le explicó a Johnny. «Ya no tengo la puntería de antes. Es culpa de la edad. Suerte que llegué a tiempo. Estabas en riesgo de morir de la peor forma.» Estiró su mano para ayudarlo a ponerse nuevamente sobre a sus piernas. El muchacho hizo una mueca: su corazón sádico latía como loco en contra de sus costillas, siguiendo el ritmo de la herida en su costado; la boca era como una cavidad llena de carbón ardiendo; sus huesos reducidos a fragmentos de vidrio. «Te vas a recuperar pronto no te preocupes» comentó al anciano con el aire de quien lo sabe todo. Dio un paso hacia el cadáver del hombre

