+ROSALIA+ Me levanté de la cama con un dolor de cabeza como si me hubieran taladrado el cráneo con un martillo neumático. Ayer bebí. Y no poco. Entre Bianca, Alicia y Natalia me emborracharon. Bueno, no me obligaron, pero sí me llenaron la copa cada vez que la vaciaba. Terminamos hablando de la vida, gritando canciones de Shakira como si estuviéramos en pleno karaoke de despechadas, y por supuesto: lloré. Lloré hasta que me ardieron los ojos. Grité, maldije, me tiré al piso como una adolescente despechada, me quejé del universo, de Andrea, de los hombres, del maldito sistema patriarcal y de todo lo que se me ocurrió. Y ahora aquí estoy. Muerta. Viva. Pero muerta. Tengo puesta mi pijama de oso. Literalmente. Es uno de esos enterizos ridículos, color beige, con orejitas en la capucha

