+DAMIÁN+ Salí de la reunión, apenas cerré el último contrato con un apretón de manos. Sonreí como siempre. Formal, seco, impecable. Pero apenas puse un pie fuera del salón, Camilo se acercó con cara de pocos amigos y celular en mano. —Damián —me dijo con voz baja, como si fuera a anunciarme que me había muerto alguien—. Rosalía dejó el auto que le regalaste… en tu casa. Me detuve en seco. Mi cuerpo, mis piernas, mi corazón, todo se congeló un segundo. —¿Qué… qué dijiste? —Eso. Que lo dejó. Allá. Con las llaves, sin nota, sin mensaje. Solo… lo dejó. Sentí que algo dentro de mí se rompía. Como si alguien hubiese abierto una caja en mi pecho y sacado todos los papeles importantes sin preguntar. —¡No me jodas! —exclamé entre dientes, jalando la corbata como si me asfixiara. —Te jodo,

