Octavio Unos días después — ¿Dónde quieres ir? — le preguntó mientras tomó su mano, pues suele perderse en estos sitios— el parque de diversiones, Ana me mira y finge pensarlo mientras saborea su helado. — Al carrusel — me sonríe. Parece que nada habría cambiado, como si lo sucedido solo fuera un sueño insignificante, o mejor dicho una pesadilla, cualquier persona ajena a nosotros diría que solo somos una pareja normal. «Pero no lo somos». Pasamos, por tanto, para llegar aquí y no me arrepiento, tal vez me digan un masoquista, pues en nuestra historia hubo más dolor que felicidad, pero ese pequeño momento de felicidad es nuestro paraíso y si para tener ese pequeño momento de felicidad con mi Ana tendría que pasar una vez más por ese camino de dolor, lo volvería hacer una y otra vez.

