Observo a Sam y entro a la tina, el agua tibia cubre mi cuerpo, observo a Sam caminar de un lado a otro, recuesto mi cabeza al borde de la tina y cierro mis ojos. A los pocos segundos siento una mano tomar la mía, abro con pesadez mis ojos y los mieles de Sam me miran fijamente, esboza una sonrisa y con su dedo pulgar acaricia mi mano. –Yo... –niega. –Ya sabemos todo lo que ocurre Pia, espero no tomes represalias con Abel, él solo quiere lo mejor para ti, está preocupado, hizo una buena opción llamándonos a nosotros... –asiento. –Te ves tan mal Pia, mira esas ojeras, mira nada más esa tristeza que emanas, donde está mi extravagante y risueña cuñada. –Hundida... –susurro, lagrimas bajan por mis mejillas. –No sé qué hacer Sam, no sé cómo detener todo esto, los sueños me agobian, me desesp

