Miedos y odios

1591 Palabras

**Liam*** Volver a casa no fue un alivio. Fue como entrar a un campo minado con una bomba en el pecho. Nada más cruzar la puerta, las miradas cayeron sobre nosotros. Bruno estaba de pie con el ceño fruncido, Valeria se acercó directo a Camila, envolviéndola en un abrazo protector. Helena nos observaba con los labios apretados y una furia muda en los ojos. —¿Estás bien? —le preguntó Valeria a Camila, sin soltarla. Camila asintió, pero su mirada estaba ausente. Como si una parte de ella se hubiera quedado allá, atrapada en la emboscada de la prensa, en los gritos, en los flashes. En mi mundo. Y eso me dolía más que cualquier ataque. Bruno se acercó y, contra todo pronóstico, me puso una mano en el hombro. —Si necesitas ayuda… la tienes —dijo con voz firme. No sé si lo decía por ella o

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