Mi edificio

1602 Palabras
Mafia 2 Capitulo 3 Mi edificio Antes Ivan Entramos a la serie de los pasillos de refugiados, dónde varios matrimonios, niños llorando, el olor a drogas y cañería descompuesta, que es por cierto uno de mis edificios, no puedo creer que vivan aquí, se supone que cobro renta por estos lugares y al parecer mi gente no hace bien su trabajo. Vassa sube tres escaleras y entra al quinto departamento, al abrír, veo un lugar muy humilde, con una mesa de madera vieja, un sillón con una manta y apesar de ser un lugar pequeño, se respira tranquilad, hogar y limpieza absoluta, junto ala pared de entrada está un perchero donde su hijo me quita el abrigo, demostrando que a pesar de ser un lugar de bajo recursos, sus modales son intachables, la hija que ya había soltado mi brazo al llegar a su casa, deja la mochila en la entrada y su hijo igual, sus iniciales escolares demuestran que el está en prepararatoria y su hija en secundaria, local, se quitan los zapatos y los dejan junto ala puerta. Los imito. – Es muy acogedor – comento mientras me acerco ala mesa, dónde soy invitado a tomar a siento. – Mamá es genial, ¿Sabías que fue militar? – Hija – la reprende su madre, como si fuera aún crimen ser parte de nuestras fuerzas armadas. – No te preocupes Vassa. Ella me fulmina con la mirada, como nadie lo ha hecho, su hija al percartarse de mi interés, toma una foto de la repisa y me la muestra muy orgullosa, de Vassa, con auriculares y apuntando a una diana, con una SV-98*: Un rifle de francotirador bolt-action ruso diseñado para tiradores de precisión. Uno de los diseños de mi familia. – Vaya fuistes un zpeznat – digo admirado por ahora entender parte de la incognita que es ella. Su defensa personal no es cualquiera. – Algo así – Bufa sacando los ingredientes para un café y la comida. – ¡Yo, yo, yo! – salta de la alegría su hija. – Ama contar esa parte de la historia – añade su hijo comiendo una manzana, mientras se acerca a mi con toda la confianza, cosa que pone nerviosa a Vassa. – Dejad de comer antes y vayan hacer sus deberes, la comida estará lista en una hora. – ¿Porfavor? Déjame contarle la historia de tu servicio. – Sin peros que valga, haced lo que les digo – les agita un trapo en el aire, como si de un látigo de tratara, la hija hace un puchero adolecente y ambos se van a sus respectivos cuartos. – Espero que tenga hambre señor Vyatkin. – Puedes decirme Iván. – No lo creo. – ¿Porque no querés hablar de tu servicio militar? – No estoy ocultando nada, si dejo que esa cria te cuente la historia, nuca ara los deberes y prefiero que la escuche mientras comemos. Así verá que no soy un peligro. Se jira medio lado, mientras saca ingredientes y los pone sobre la mesa, con elegancia y orden, por lo que veo aquí no se siente incómoda, está en su elemento, me imagino que por qué es su área y no esta rodeada de matones armados. Se siente segura y así podré adquirir información. – ¿Le gustan las Kotletas de carne? – Claro, en mi restaurante favorito las como mucho. – Bueno pues prepárate para probar la mejor receta del mundo, mi hija tiene una sansón increíble. Hace años Desde que era niño que no como nada casero no desde que asumi el poder en mi adolescencia, regularmente como en restaurante de lujo y mi padre igual. ¿Que podrían ser tan malo? – Hasta que no lo pruebe, no lo creeré – digo viendola preprar la carne. – Anotado. Me gusta esta Vassa confiada y madre de familia, nose que es, pero verla relagada y feliz, no la apariencia cansada que tenia en la biblioteca me muestra una perspectiva de ella diferente, añadiendo otro signo de interrogación a lo que ella es, mientras pica la carne empieza hablar. – Eres el primer hombre que entra a casa desde hace años. – ¿No estuviste casada? – me sorprendo a mi mismo preguntando. – Viví en unión libre con el padre de mis hijos, por sircustancias atenuantes lo corrí de la casa y no viví a saber de el. ¿Atenuantes? Quien habla así. – ¿Puedo saber que paso? – Incompatibilidad, era una person muy tóxica y tuve hechar eso en mi vida, no quería cargar con un problema más. – Disculpa – las normas sociales son una porqueria, pero debo señirme a ellas, para no levantar sospechas. – No deberías, fue la mejor desicion que tome en toda mi vida, quizá ya no estaría en este mundo si no lo hubiera hechado y mis hijos hubieran terminado con un moustró. Que diga esas cosas me confirma que ha vivido una época oscura y pocas cosas causan curiosidad en mi, ella es ajena a mi mundo y yo soy un demonio, puedo ver las marcas que carga y que esconde de su famila, tiene dos lados de la moneda, la mujer fuerte que aparenta ser frente a sus hijos y mujer nerviosa de la biblioteca. – Muy perspicaz de tu parte – mi teléfono suena y me pongo a responder correos mientras el olor a cebollas y carne innundan la pequeña cosina, al terminar su hijo mayor empieza a poner los platos en la mesa y por primera vez en mi vida, ayudo a en algo tan cotidiano, su hija ayuda a su madre a sazonar la comida y justo al terminar todo nos reunimos a comer. No me decepcionan que se pongan a contar sus historias como todas la familias humildes. – Bien Alitzel, ¿Que me cuentas el día de hoy? – dice mientras pica un trozo de carne y se lo lleva a la boca. Su hija sonríe y yo me quedo esperando recibir información, incluso en la vida cotidiana es la más importante información, inician el ritual de comer, en casa nadie habla, mi padre se la pasa al teléfono entre bocado y bocado y las veces que Natalia y Victor nos visitan me la paso molestandola. Es muy satisfactorio ponerla irritable. – Hoy tenemos una maestra nueva, es una tirana – gesticula mientras come y pasa la comida antes de continúar con su historia del día – Hoy me llamo la atención por hablar más de la cuenta, quieria total silencio que solo debemos hablar si distraenos de nada, nada en las clases y durante las tareas. Concluye y Vassa resopla molesta. – Es ridículo, ¿al menos ya le dijiste que eres tutora? – No ví la necesidad – bebé un vaso de té frío – estuve ayudando a Alma y a Ángela con sus trabajos, se abra dado cuenta. Pero la venta de drogas se está desvordando por el deshuasedero. – ¿Quienes venden ahora? – su madre parece hirorizada y a esto me refería con información de primera – ¿Siguieron el protocolo verdad? – Tomamos las fotos con los teléfonos desechables que nos dió madre y los mandamos de forma anónima como nos enseñó madre. Concluye dejándome impresionado este nivel de movimiento solo lo he visto en películas de época y sigue comiendo como si no hubieran hablado de una operación encubierto y al dar el primer bocado, me congelo mientras miles de sabores, mejores que la de los restaurantes haya probado en mi vida. – De uno al diez, ¿Cuánto le da? – me pregunta la hija con toda la atención puesta en mi, esperanzada de saber mi opinión. – Sinceramente está muy rico señorita, es lo mejor que he probado, las Kotletas de carne siempre han sido mis debilidad. Ella parece feliz de mi cumplido y continúa comiendo con emosión. – Hoy termine la relación con mi amigo Alan mamá – añade el hijo sirviendose mas porciones de la Kotletas. – ¿Que sucedió? – pregunta su madre con preocupación. – Volvío a caer en las drogas y está vez, se comportó como un imbécil, argumento que nunca me pidió ayuda, que los problemas me los busque yo solito y que dejara de meterme en su vida, como si no hubiera intantado salvarlo las dos veces que termine en prisión por su culpa. Vassa nunca lo interrumpio, lo dejo desahogarse mientras su hijo le contaba su día. – Son las drogas hablando, no quiero sonar dura, pero te lo dije, así empezará a culpar a todo el mundo. Por eso debemos seguir haciendo esto de forma discreta. Si, coincido, las drogas destruyen vidas y culpan a todos menos así mismos. – A noche sobrevivi a un intento de asalto y el señor Vyatkin me ayudó a incapasitar al atacente. – Espero que les sacarás las tripas al tipo – me señala el hijo ganándose una sonrisa de mi parte. – Casi – le contesto sin develar nada, si su madre no se los dice, quiero decir que los mantiene al margen de su vida y lo que sea que ella haga como guardia de seguridad. – Es su turno señor Vyatkin. Pienso rápidamente y digo el alcance de hoy. – Mi empresa ha desarrollado un prototipo de arma, con huella digital. – ¿Eres armamentista? – pregunta impresionado el hijo, asiento en respuesta – Eso es genial. Alguien toca a la puerta y Vassa acude a atender. – Hola cariño – dice una voz conocida y me pongo en alerta en cuestión de segundos.
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