El silencio que siguió a la implosión del muro fue más atronador que cualquier explosión. Polvo, piedra pulverizada y el olor acre de la tierra revuelta llenaron la Sala del Círculo. La onda de “no-magia” de Althea aún reverberaba en el aire, dejando a la magia residual del lugar como un sabor metálico y quemado en la lengua. En medio del caos, tres realidades chocaron: Rylan, cubierto de tierra y sudor, con los nudillos blancos alrededor del puño de su espada, buscó a Althea con la mirada. Cuando la vio, de pie entre los escombros, sosteniendo a Liam maltrecho pero vivo, algo primitivo y feroz se calmó en su pecho. Pero solo por un instante. Sus ojos de ámbar se desplazaron hacia Dorian, y la calma se convirtió en una promesa de violencia. Dorian se incorporó tambaleándose, sacudiendo

