En ese instante, estaba manejando con Leandro a mi lado. El me miraba con un dejo de tristeza en este momento, podía notario por las muecas que hacía al mirarme. Hasta que llegamos al frente de su casa, la cual tenía las luces tenues mente encendidas. Quedamos en silencio por un minuto, hasta que abrí la boca para hablar. Lo voy a negar que me dolía el hecho, te tenés que dejarlo ir en manos de otra persona. Pero debía respetar tu decisión no lo tanto me mantenía inquebrantable mi sitio, procurando no rogar que el regrese. —Cuidate Leandro. —Yo tambien te extraño Nat. —Pero estás con ella —murmuré sin mirarlo. —Pero solo somos amigos—afirmó y yo lo mire para decirle: —Los amigos no se besan... —Lo lamento, ella me besó. —Y tu te dejaste —dije con dolor —No es así Nat. ¿Por qué no

