MARÍA se cayó y JESÚS se quedó defraudado, pues esperaba grandes prodigios o acontecimientos con aquella historia, y así le dijo: ―MARÍA, ¿ya se ha terminado? Y por el tono de su voz, denotaba su desilusión. MARÍA, que se había dado cuenta, le dijo: ―Mira JESÚS esto que te he contado, es mucho más grande e importante, que las aventuras o batallas que hubiera podido ganar, primero para ella, y después para los demás. Ella tuvo que ganar día a día su batalla personal, y así, día a día, según crecía, y le venían nuevos pensamientos y sensaciones, acudía al lugar de oración, y allí encontraba la paz. Y cuando volvía con los suyos, volvía a ser igual que antes, pero su espíritu estaba mucho más fortalecido, así que se puede decir que todos los días salía al campo de batalla y peleaba, y todo

