El beso (Parte 1)

3412 Palabras
No pude evitar quedarme dormida en cuanto toqué la almohada. Al principio, mientras me quitaba la ropa, la doblaba y me vestía para dormir, con el maquillaje aún en mi rostro, pensé que me costaría un poco quedarme dormida, el día había sido agitado, la noche estuvo agitada, las miradas, los comentarios, el señor Alex era intenso y su yerno, el señor de la casa, el que para mi lucia como un príncipe encantado actuaba muy extraño. No sé qué horas eran cuando sentí que la puerta se abría, me costó un poco abrir los ojos peo ya estaba claro y frente a mi Nilvia recogía mi ropa. -Buenos días.-Le dije mientras trataba de espabilarme. -Buenos días María Victoria.-Vestía pantalones de algodón y franela ancha color rosa ¿cómo dormiste? -Dormí bien ¿y tú? ¿Cuál es tu habitación?- Me estiré y me incorporé hasta sentarme. -He dormido con Mira.-Se encogió de hombros y sonrió.-No he resistido la tentación. -Ah.-Froté mis ojos y al espabilarme ella me contemplaba. -¿Tu y Gary son novios? –Una bomba sin aviso, uh, muy bien hecho. -No lo sé.-En ella podía confiar. -¿Cómo que no lo sabes? –Aún con mi ropa entre mis brazos se sentó a mi lado  en la cama. -No me ha pedido que sea su novia.-Le dije confiando en que ella me daría la respuesta que tanto esperaba.-Solo nos hemos dado un beso. -¿En la boca? -En los labios.-Aclaré, su boca y mi boca nos e abrieron. -Entiendo.-bajó un poco la guardia.- ¿te gusta? -Es mi mejor amigo, hablamos mucho, me siento bien a su lado. -Sabes que eso crea un poco de preocupación en mi ¿verdad? -Si, pero Gary es muy respetuoso y si eso ha ocurrido es porque yo quizás…lo he propiciado. Me observó perpleja, nos e si por mi revelación o por mi sinceridad, luego suspiró. -Está bien, pero cuidado, nada de estar a solas mucho tiempo. -Siempre hemos estado a solas. Era verdad, Gary me acompañaba a la escuela muchos meses, Gary y yo salíamos hacer encargos, Gary y yo reíamos en la piscina, estudiábamos en el jardín. -Si,  pero eso era antes del beso…en los labios. -Ah, bueno si.-Lo pensé unos segundos, quizás se repitiera ese encuentro.-Está bien, de igual forma regresará en dos semanas. -No es así.-Se levantó y colocó mi ropa sobre una silla.-estará aquí mañana, o pasado, Alex quiere verlo antes de irse. Que influencia la de ese señor. -Por cierto le has caído muy bien, apresúrate a vestirte, Eliecer te llevará. -¿El también se ha quedado? -Y así será durante la estadía de Alex cariño, casi no lo vemos y luego de que enfermara…-Se detuvo y me miró como Emanuel cuando metía la pata -¿Enfermó? -¿Cómo? Si lucía  tan bien. -No hablemos de eso, vamos arriba y lávate bien la cara, debiste hacerlo anoche. -Me moría de sueño.-Me excusé ya levantándome. -Está bien, te espero afuera. Me sonrió y salió, yo me apresuré a arreglarme, pero no pasando por al toque el señor Alex estaba enfermo ¿de qué? ¿Grave? ¿Cómo mamá? No, él lucía muy bien. Nuevamente la cocina estaba revolucionada pero esta vez Rosita colaboraba. -Hola Rosita.-Fui y besé su mejilla. -Hola Victoria, he venido ayudar, mis jefes están fuera. -Eres de gran ayuda, como verás.-Reímos viendo a nuestro alrededor. -Venga Victoria.-Me atajó Mira colocando una taza en mi mano.-Ve al estudio y llévale esto al señor Aníbal que se ha levantado con el estómago revuelto y la cabeza que le explota. -Ve tu Mira, yo te ayudo acá.-Traté de devolver la taza. -Cariño ¿me harás caminar?-Se colocó las manos en la cintura. -No, claro que no.-Accedí. -Anda que te preparo tu desayuno, y a la salida vente pronto que comeremos otra vez en el comedor, el señor Alex no desayunará así que debemos ser puntuales. -Está bien.-Volví a decir y estirando la falda  de mi uniforme salí de la cocina al estudio. Todo estaba en completo silencio, la intensa luz de la mañana entraba tímida por los ventanales de la casa y yo hacía sombras en el recorrido. Apenas eran las 6:00 de la mañana, todos dormían excepto claro el seño Aníbal. La puerta de su estudio estaba cerrada, toqué dos veces. -Pasa Mira.-Oh, la esperaba a ella, ¿por qué no envió a Raquel o a Samuel? Abrí la puerta lentamente y entré, la taza sonó contar el plato, me temblaban las manos, él había mantenido la cabeza entre sus manos y la descubrió para mirarme. -Soy yo señor.-Le dije apenas con voz ¿qué me pasaba cada vez que lo veía? La puerta del estudio se cerró detrás de mí y me sobresalté, casi se me cae la taza, la sostuve y volví a mantener el equilibrio, él se había puesto de pie.-Le traje su…bebida.-Nunca supe que  era lo que llevaba.-traté de acercarme pero mis pies no se movían, él tampoco lo hacía, tenía los brazos a ambos lados del cuerpo, perplejo mirándome con la boca ligeramente abierta.- ¿Dónde se lo pongo? –Di unos pasos sin dejar de mirarlo hipnóticamente a los ojos, ¿podía permitirme eso? Mirarlo así, tan directamente, ahora nadie nos veía y él me miraba a mí, quise ser más prudente pero algo no me lo permitía, la quietud de su presencia, su mirada… -Dame.- Di un par de pasos y alargó sus manos tomando la taza y ahí las dejó por unos segundos, rozando la mía, creando chispas en mi cuerpo que no sabían que estaban.-Gracias.-Me sonrió, serio, sólo sus labios sonreían. Se retiró y tomó de la taza. -¿Qué le sucedió señor? ¿Algo que comió o bebió? -No.-Tomó otro poco y colocó la taza en su escritorio.-No he podido dormir bien y la verdad tengo mucho trabajo. -Ah.-le sonreí.-Pensé que era resaca. -No.-Solo eso dijo, “no”. Permanecí inmóvil un rato. -Que se mejore.-Me dispuse a salir. -Toma.-Me detuvo por el brazo apenas con sus dedos, tomó el último sorbo de la infusión y me entregó la taza, esta vez tuve cuidado de no tocarlo.-Gracias. -Por nada señor.-Me dirigí a la puerta, estaba tan serio conmigo, ya no veía sus arrugas hermosas alrededor de sus labios.-Señor quería preguntarle…-Me detuve y me volví para hacerle la pregunta, pero sus ojos me detuvieron, había estado mirándome mientras me alejaba. -¿Qué querías preguntarme? -Nada señor.-Abrí y salí, la puerta se cerró detrás de mí y escuché a lo lejos su voz pronunciando mi nombre pero no me detuve, corrí a la cocina con el corazón apretado. Nilvia ya estaba ahí. -Date prisa María Victoria, Eliecer ya ha desayunado. -Claro.-  Sólo probé la empanada con queso y tomé un poquito de leche, más que todo para no levantar sospechas pues todo mi cuerpo, mi estómago, mis manos, mis labios temblaban. Corrí a lavarme los dientes, tomé mi bolso y me apresuré a la salida, Tal vez mi imaginación infantil me hacía ver a ese príncipe mirarme de manera tan particular o fui yo que me excedí en querer preguntarle algo, pero yo no era una presa en esa casa, no era tampoco el servicio, no era muda, todos fraternizaban con él, antes me sonreía y me hablaba y ahora…tan serio. Salí a prisa hacia el auto del señor Eliecer quien me esperaba risueño. -Ciento la tardanza.-Me disculpé y subí.   Como a diario, Melina y yo bajamos lentamente las escaleras que daban al patio principal, habíamos estado recordando a Diego, ya su rostro se hacía distante y eso nos dolía, ¿cómo reía? ¿Qué gestos hacía? Era difícil de recordarlo ya, pues había pasado mucho tiempo, 4 años para ser exactos. Al principio creímos que él podría convencer a alguien y regresar pero no había dado resultado, y por posteriores cartas que leíamos y leíamos Melina y yo comprendió que debía continuar y terminar allá lo que había comenzado, para lograr independizarse de sus padres. Durante un tiempo me sentí culpable, si hubiese manejado de forma diferente la situación, más cautelosa, creyendo más en lo que papá siempre aseguraba sobre su familia, quizás nada de esto estaría pasando y esa discreción, que no tuve, me haría disfrutar a mí de un hermano y a Malina de un novio. Terminando de salir del colegio, aún hablando con Melina, Eliecer me hizo señas desde el patio, entendí y me apresuré a despedirme y correr hasta su coche... -No sé si te guste mi compañía, pero vamos al mismo sitio. -No me desagrada.-Le dije y subí, él también lo hizo, era un coche LTD, con asientos de cuero color marrón claro, muy cómodo, en cuanto lo encendió arrancó y nos dirigimos a la casa.-¿El señor Alex piensa pasar mucho tiempo aquí?-Le pregunté a manera de tocar cualquier tema. -No lo creo, quizás un par de días más, tiene que regresara  Caracas. -Ah, ya veo. -¿Tu te sientes bien en la casa? –Preguntó también sin ningún interés particular. -Si. -¿Habías compartido alguna otra vez con ellos en la mesa? -Ja, ni un pan.-Solté sin pensar y él rió a carcajadas. -Me lo imaginaba.-Continuó riendo.- Alex es una persona especial, siempre ha compartido lo que tiene. -Lo he notado. -Tiene mucho dinero, pero no creas que siempre fue así, papá y mamá nos criaron con mucho esfuerzo, no vivíamos en bonanza, Alex supo abrirse camino desde muy joven y me apoyó a mí. -Que experiencias  para contar.-Le dije sin pensar, de  ahí toda esa seguridad y soltura. -La verdad, y le has caído muy bien por cierto.-Dijo esto y me miró sonriente, ya casi llegábamos a la casa. -A mí también me ha caído muy bien.-Le sonreí, pensé en preguntarle por la enfermedad del señor pero preferí callar. Samuel abrió el portón y el auto entró. ¿Cómo andas Samuel? ¿Hay alguien en casa? -Si señor, todos menos el señor Aníbal. -Bien, más comida para mí.-Rieron los dos, cuando bajé, luego de agradecer el aventón,  fui directo a mi habitación y me cambié de ropa, antes lavé mi cara y cepillé mi cabello recogiéndolo en una cola. Opté por vestir la camisa blanca sin mangas y el pantalón verde con las sandalias negras, me fui a la cocina, el corredor estaba solitario y la cocina más tranquila, ya era casi la 1:00, Nilvia me vio y sonrió por mi estreno. -Hola.-Le dije y también dijeron hola Rosita, Mira y Eliecer que probaba del helado que comía Nilvia.- ¿En qué te ayudo Mira -Por ahora nada cariño, ya hemos preparado la mesa, tengo lista una deliciosa sopa de pescado.-Destapó la olla y olió el vapor.-y de postre helado de chocolate y vainilla ¿te parece? -Me ha dado hambre.-Le sonreí. -Para la noche si por favor ¿me preparas unas gelatinas con naranja? -Claro, dile a Samuel que las tenga listas yo las hago. -¡Ah, ya llegase! –Casi me muero de un infarto cuando vi aparecer al señor Alex en la puerta de la cocina, tenía el sol atrás de él y podía ver apenas en la sombra de su cuerpo su cabello ya con gomina y los blancos dientes expuestos.-he visto el jardín María, que bonitas flores, me encanta la textura de las rosas tan…tan…-Nilvia soltó una risita. -Firmes.-Terminé yo. -Si, eso ¡y qué fragancia! ¡Y los lirios!  ¿Quién te ha enseñado eso? Fue como si tocara el timbre de la amargura de los recuerdos lejanos, de la María Victoria sin familia. -Mi madre.-Dije muy bajito absorta al resto de mi entorno. -Has aprendido muy bien.-Dijo serio, después sonrió.-No he querido cortar ni una.-Me miraba entusiasta, sus ojos eran danzarina llamas azules. -Yo puedo hacerlo, le cortaré la que le guste. Hasta ese momento noté que Samuel venía con él y sonrío una tijera. Todos reímos. Raquel entró por el lado del pasillo y nos miró extrañada. -Querida Raquel. -Si señor Alex. -Voy a cortar unas flores con María y las colocarás en la habitación que ocupo por favor. -Cla…ro, señor.- Raquel casi flexiona las rodillas. -Vamos preciosa, busquemos unos hermosos lirios o esas calas rosadas que tanto me han gustado.-extendió su mano y yola tomé correspondiendo a su felicidad. -No se tarden Alex, tengo hambre. Le gritó su hermano. -Oh, sí claro. Me sacó a gran velocidad de la cocina, vestía pantalones cortos de kaki y una franela sin mangas, en ese momento por su entusiasmo me parecía nuevamente de 30 años, era muy parecido  y su mano era suave mientras tomaba la mía con delicadeza, yo iba divertida a su lado y Samuel atrás muy cerca con la tijera. Nos fuimos acercando a los lirios, eran todos rojos, grandes, largos y llenos de vida. -Quisiera que fueras a mi casa María-.Dijo soltando mi mano y caminando en medio de todos los lirios, en todos esos años, Samuel y yo habíamos sembrado más de 30 y ese día de hoy casi todos estaban abiertos.-Que arreglaras el jardín, claro con  ayuda, tengo plantas pero no como estas.-señaló a su alrededor y miró hacia las palmeras a pocos metros de donde bajábamos cocos desde hacía dos años.-La verdad no has perdido tiempo.-Se acercó de nuevo a mi.-¿Podríamos salir en la tarde y compensar algunas cosas? –Me sorprendió, no sé si estaría bien.-Le diremos a Nilvia también, compraremos materos y me llevaré de tu jardín algunos hijos a Caracas. -No es mi jardín, señor.-Seguro lo  miraba como loca. -¡Bah! Lucy no sabe lo que hay aquí.- ¿Qué te parece Samuel, no debería llevarme yo algo de esta belleza a mi casa? –Miró a Samuel y luego a mí, algo había cambiado en sus ojos inmensamente profundos. -La dueña de las tijeras es Victoria. –Respondió Samuel discreto, estuve segura que también notó su mirada. -¡Pues Victoria iremos después de comer! –Tomó las tijeras de la mano de Samuel y me las entregó, reía y yo como tonta también lo hice ¿Qué de malo tenía ser tan feliz? La felicidad de él era contagiosa, energizante. Con la tijera en mano y no antes de  pedirle permiso a los lirios para adornar la habitación del señor Alex, comencé a cortar con tallos largos los hermosos lirios rojos, él aguardaba detrás de mí y conforme cortaba uno se lo pasaba. Recordé el día anterior cuando cortara las rosas con el señor Aníbal, ni se comparaban mis emociones, ayer no podía yo ni moverme, ahora me sentía yo muy relajada. -Creo que con cuatro estará bien señor. -Si.-Extendió su mano hacia mi caballeroso para ayudarme a salir de la tierra. -Buenas tardes señor Alex.-Escuché la voz de Gary y me volteé a buscarlo, estaba de pié detrás de nosotros, vestido casual, con su cabello rebelde al viento y una expresión seria en sus ojos, el señor Alex soltó mi mano y pasó las flores a Samuel. -Por favor Samuel, entrégale a Raquel. -Si señor.-Samuel salió contento dando unas palmaditas al hombro de su sobrino. -Hola tío.,-Gary le sonrió y luego nos miró al señor Alex y a mi.-Hola María Victoria. -Hola Gary.-Le sonreí feliz de verle.-Pensé que venias mañana. -Pues no.-El señor Alex se acercó a él y lo abrazó con afecto, Gary correspondió.-Le he pedido que viniera hoy, yo parto mañana. Oh, no sabía, que pronto y que alivio, me ahorraría compartir la mesa con los señores esposos. -¿Cómo está señor Alex? Se le ve muy bien. -Estoy muy bien.-Le respondió ya uno frente al otro.- ¿No me ves? En mitad de estas flores y con esta hermosa chica.-Se volvió a mirarme y le sonreí.-Quiero saber cómo te ha ido, hablaremos antes de la cena ¿te parece? -Si señor. -Voy a cambiarme para almorzar, luego saldremos María Victoria.-Dijo mi nombre completo como si lo acariciara. -Está bien.-Se alejó y quedamos solos Gary  y yo, lo miré en silencio, pensé que podía darme otro beso en los labios como saludo, ¿o eso lo hacían sólo los novios comprometidos para ser novios? -Le has caído bien.-Dijo rígido ¿qué le pasaba? -Creo que si.-Yo también estaba rígida pero le sonreía ¿qué hacía yo mal últimamente que me miraban tan feo? -¿Estas molesto? -No tengo porque.-sus ojos oscuros iban por todo mi rostro ¿qué buscaba? -Me dijeron que venías mañana, qué bueno que hayas venido hoy. -¿Querías que viniera? -Siempre quiero que vengas Gary, siempre, siempre. -¿Para coquetear conmigo? –abrí mucho los ojos, ¿coquetear con él? ¿Qué era eso? Yo no coqueteaba con él, ¿o sí? Y si era así ¿no le gustaba?-Conmigo…y con el señor Aníbal y con el señor Alex. -¿Qué dices Gary? No coqueteo con nadie. -¡Claro que sí! –Me escupió la cara. -¡No, claro que no! –Lo enfrenté bajo ese sol del infierno.- Quería que vinieras o porque quería verte, si y tal vez coquetearte y que volvieras a besarme. Iba a decir algo pero se quedo con la boca abierta sorprendido, yo me alejé comiendo ¿qué le ocurría? ¿Celos? ¿De ellos? ¡Por Dios! En la cocina solo estaba Mira y por suerte cuando me vio me entregó una bandeja con frutas y salí directo al comedor, Gary venía detrás de mí a toda velocidad, yo no volteé a verlo, llegué al comedor y ya Raquel servía la sopa, atrás de mi entró Gary con un servilletero y un plato con limones picados, no lo miré, sólo ayudé a Raquel quien aceptó la ayuda de buena gana. Nilvia nos observaba, ahora ella estaba más atenta desde que yo le confesara que él me gustaba, el señor Alex se  había cambiado los pantalones por unos largos y hablaba con Eliecer y Antonio algo sobre negocios, ya ellos tenían sus sopas servidas ahora él ocupaba el puesto del señor Aníbal en la mesa, este comería en el hospital. -Vengan, siéntense ya.-Invito el señor Alex cuando entró Mira con una cesta con pan. Lucy hablaba con Nilvia que ahora estaba a su lado y yo tomé asiento de nuevo como anoche en el mismo sitio y junto a mí, tranquilo, sin rastros de molestia, Gary. Me acomodé  encogiendo los brazos y tratando de disimular mi incomodidad. -Lo siento.-me dijo Gary casi en mi oído fingiendo que se acomodaba en la silla.-Yo he querido lo mismo. Lo miré, él me miraba y luego esquivó mis ojos, había otras personas y creo que mi sorpresa también lo sorprendió, el resto de la  comida estuve tranquila, ¿qué le había pasado para que actuara así? ¿Qué era lo que yo hacía mal? ¿Coquetearle al señor Aníbal? ¿Cuándo? ¿Hace años cuando me encontró mojada por la piscina en el medio de la sala? La mesa no permaneció en silencio ni un momento, claro que yo no  hablé, mis ojos jugaban pin-pon, de un rostro a otro, Gary también estaba en silencio y sólo respondía a algo si el señor Alex le hablaba, había crecido, ya era un hombre, y yo no sabía qué era lo que pensaba un hombre. Terminamos de comer y junto con Raquel y Mira comencé a levantar la mesa. -Hoy si quiero café Mira.-anunció el señor Alex.-luego nos vamos María.-Todos me miraron. -¿Dónde van? –Preguntó Lucy inquisidora. -Le he pedido a María que me obsequie algunos retoños de sus plantas.-Mira llegó con el café, que lista era Mira.- Acompáñanos Nilvia, por favor. -Claro que si.-Nilvia sonrió algo apenada con Lucy. Tu también Gary, quiero aprovechar de abrirte una cuenta, ya estás por graduarte y necesitarás algo de dinero. -No hace falta señor Alex, tengo un trabajo por horas en el Puerto con unos abogados y guardo mis ahorros.-Gary se escuchaba orgulloso. -Mejor aún, te haré un cheque y lo depositarás con esos ahorros.-Esta vez el señor Alex no sonrió y Gary entendió que era una orden.-Rico este café.-Y así terminó esa conversación. Eliecer se auto invitó y puso a la orden su auto, Lucy no se quedó tan triste porque su padre le prometió cenar afuera y luego ir a bailar, faltaba convencer a su esposo.  
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