Ni Dominic Baker y tampoco yo nos habíamos percatado de en qué momento Dorian había vuelto a casa. Sus pasos en el césped nos habían pasado totalmente desapercibidos. Su presencia fue una sombra hasta que yo alcé la vista y lo vi de pie detrás de su padre, apuntándole a la cabeza con un arma. Su agarre era firme, y su dedo índice parecía a punto de apretar el gatillo. —Como mi ambiciosa madre y ese molesto detective, ¿tú también has venido a meterle ideas de huida a mi esposa? —Dominic se tensó en su silla cuando su hijo le habló—. ¿Desde cuándo los matrimonios de tus hijos te importan tanto? Dudo que estés aquí para felicitarnos por la boda. Una media sonrisa amarga curvo momentáneamente sus labios, pero la expresión en sus ojos era fría como nunca antes; el n***o de sus ojos era

