—¿Por qué interroga a mi esposa a espaldas mías, detective? Dorian, que había llegado de imprevisto al restaurante, se inclinó sobre la mesa y apoyó ambas manos. El hombre frente a mí se echó atrás y discretamente devolvió las fotos a al interior de su saco. Se removió en la silla con incomodidad. —Señor Baudelaire, usted sabía que buscaba hablar con su mujer... —Esa investigación ya fue cerrada, ¿no estaba al tanto? ¿Sus jefes no le notificaron? —Solo deseo atar cabos, señor... —¿Espera perder su trabajo para detenerse? —la advertencia fue tan clara que el detective se quedó sin palabras—. ¿Busca deliberadamente ser despedido? Al ver la cara que el hombre ponía, acorralado entre la espada y la pared, me puse de pie y me volví hacía mi marido. El rostro severo se ablandó ape

