El señor Lester Hardmoon se levantó a tomar su taza de café como todas las mañanas, era un hombre que tenía una rutina muy estricta desde el beso que le daba a su esposa al despertar hasta la lectura de treinta minutos antes de dormir, justo esa mañana su rutina había cambiado igual que en los últimos días debido a la situación que estaba pasando su empresa; ahora debía asistir a un juicio que salvaría su compañía, le pidió a la cocinera que le sirviera su desayuno mientras salió a buscar el periódico a la entrada de su casa, le gustaba disfrutar la vista de la mañana y el aire fresco. –Linda mañana. El señor Hardmoon buscó la voz que habló y se encontró con Robert fumando un cigarrillo recostado en su pared. –Y tienes que arruinarlo con tus mierdas –escupió Eliot a unos pasos. –¿Q

