Elizabeth decidió recostarse en la pared cerca de la puerta ocultándose del sol, Alex estaba loco si pensaba que ella metería la mano en la tierra por una llave solo para entrar a una casa donde no podría hacer nada más que esperar, igual le daba estar afuera que adentro, intentaba pensar en otra cosa cuando escuchó que alguien la saludó. –Hola, al fin los veo. Ella reconoció a la mujer de cabello n***o y ojos claros, era una de sus vecinas, vivía a dos casas con sus tres hijos y su esposo. –Buenos días –saludó Elizabeth cortante, pero la mujer lo tomó como una invitación. –Soy Maira, su vecina de la casa verde. –Sé quien es, un gusto. –Ayer ví a su esposo y su hija por aquí, se parecen tanto, pero usted no venía con ellos. –Si, yo he venido hasta hoy –respondió Elizabeth, no

