Alaric Cuando irrumpimos por el túnel, mis hombres y yo siguiendo de cerca a Jaxon, no esperaba encontrarme en un desfiladero. Pero el lugar del enfrentamiento no me importaba. Lo único que me interesaba era hundir mis dientes en la garganta de Jaxon y apretar hasta que dejara de respirar. Momentos después de entrar en el desfiladero, nos encontramos con oleadas de lobos jóvenes, ferales ansiosos por despedazarnos. Gracias al ingenio de la manada Garou, nuestras garras y pelaje estaban impregnados de un paralizante que sometería a los ferales segundos después de entrar en sus cuerpos. No les haría daño. El truco era arañarlos sin herirlos gravemente ni dejar que nuestro pelaje llegara a sus bocas. Iba contra nuestra propia naturaleza permitir intencionalmente que un enemigo se nos acerc

