Payton
En mi vida todo iba bien, sexo, descontrol, me comía a quien quería y a quien no simplemente alzaba mi mano y mi equipo de seguridad lo desaparecen de mi vista, ser una mujer decidida, caliente y desvergonzada como yo, no es sencillo, soy la reencarnación del pecado, soy como Eva, tiento al más inocente hasta hacerlo lamer mi coño de rodillas.
Me gusta dominar y ser dormida, pocos hombres consiguen hacerme estremecer de deseo, mi sexipol es todo lo que el doctor me receto, la tiene grande, besa delicioso, lo hace rico y no se complica la vida, es libre de hacer con su vida lo que quiere y yo por igual, esa es la ventaja de tener relaciones abiertas donde ambos nos complacemos y luego cada quien para su casa, aunque Rust es el único que ha venido a mi casa.
En medio de tanto caos ha sido mi respaldo, mi cómplice y mi masajista personal. Aparte que tiene una lengua digna de reverencia, eso hago cuando me hace arquear la espalda por sus insistentes lengüetazos, después de ser una malcriada me digno a seguir con mi trabajo. No puedo darme el lujo de auto decepcionarme, el olor a comida invade mis fosas nasales y mi estómago me delata.
El desgraciado tenía que ponerse en plan macho alfa posesivo y hacerme una escena de celos en la compañía ¿De cuando acá el infeliz me toma por sorpresa? Soy libre y me acuesto con quien quiera, sus tonterías no me agradan, pero confieso que me encanto ver a Christopher y a Rust pelearse por mí, mi ego se elevó por los cielos. Rust acepto mis términos, el tampoco deseaba compromiso alguno ¿Qué cambio?
Respiro tranquila, pero noto a Rust impaciente, sin embargo, me encuentro concentrada en los planos de un nuevo proyecto que me encargaron, ser socia tiene sus ventajas, pero también, más responsabilidad que cualquier empleado.
Su presencia detrás de mi ocasiona que cierre mis piernas, el cosquilleo de mi centro me delata, este condenado policía me calienta más que el sol. Rust se acerca para invitarme a bailar, me niego, tengo mucho trabajo, no obstante, el insistente y caliente poli me tomó del brazo y me levanto, me lleva a su pecho, sostiene mi cintura, pega su frente de la mía, caigo como boba y comienzo a bailar. Esto se está calentando, imprime besos en mi cuello.
Jadeo al sentir su lengua juguetona lamer mi piel, muerdo mi labio inferior. —Me gustas cuando eres buena. —Sin más me acerco para morder el lóbulo de su oreja. Desliza sus manos y abre mi trasero robándome un gemido. —Me encantas diabla —Succiono su oreja cuando él susurra erizando mi piel por completo.
Solté una risilla traviesa. —Soy buena para muchas cosas y lo sabes sexipol, así como tu eres un buen actor porno. —Mi mano impaciente aprieta su notable erección. Sin embargo, me alejo. —No me distraigas, debo terminar los planos y así hoy no terminaré, mi socio los desea para mañana mismo.
—Tu socio no me agrada… es… un
—Sexi macho como tú —Le respondí de inmediato ganándome una mala mirada, gruñe enojado, no puede reclamar nada, no tiene derecho.
—Iré a terminar la cena. Falta poco. —Sonrió, no me dijo nada más, ni me beso, la burbuja se rompió. Celoso, los celos y una mujer libre no son compatibles. Enojado me calienta más el desgraciado. Me quedo admirando su ancha espalda, sí que es un hombre, vuelvo a mis deberes profesionales, hasta qué media hora después me halo por el brazo y me dejo sin palabras y paralizada.
—Seamos novios
Pide de pronto, con la voz pausada mirándome a los ojos, no esta jugando y eso me aterra. Esas dos palabras me hicieron subir al cielo y bajar al infierno, no quiero compromisos, no soy una mujer de tenerlos, sin embargo, Rust rompe todas mis expectativas e impone las propias, cada noche o en su defecto cuando puede viene a cocinarme, a limpiar mis desastres, porque lo acepto, soy una desordenada.
El palpitar de mi corazón como el de mi coño es acentuado cuando mi sexipol me toma por la cintura, me sube a su cuerpo obligando a mis piernas rodear su ancha cintura, camina conmigo, me lleva a la habitación, entre mimos y caricias. No pierde tiempo y me posiciona en la cama.
Me observa de forma distinta, con pasión, anhelo y cariño. Jadeo pérdida al sentir dos de sus dedos adentrarse dentro de mí. —Sé mi novia… —Vuelve a pedir, me besa con más pasión y sus dedos continúan entrando y saliendo de forma sincronizada.
—No puedo ser tu novia y lo sabes. —Beso sus labios antes de seguir conversando.
—Le quiero poner nombre a lo nuestro. Vengo aquí cada noche, te cocino, hacemos el amor y dormimos abrazados. Las parejas hacen eso.
Trago grueso y detengo sus besos apartándolo, me levantó de la cama y lo empujó a él, sonríe, me coloco de espaldas y comienzo a deshacerme de mi ropa de manera sexi, siento su mirada detrás de mí.
Desde temprana edad, aprendí a confiar en mí misma y a disfrutar de mi libertad. No necesitaba a alguien que me definiera, y mucho menos un título de "Novia" "Esposa" "Casi algo" los títulos únicamente quedan bien cuando son universitarios.
Rust y yo hemos disfrutado de noches desenfrenadas, de reuniones interesantes y explícitas, salidas excitantes y sin compromisos. La realidad es que la pasamos muy bien juntos, pero en mi vida, no hay espacio para las ataduras de una relación convencional.
Al girarme me observa con ojos llenos de expectativa, esperando una respuesta. Podía ver la sinceridad en su rostro y la esperanza que tenía de ser parte de mi vida. Por un momento, me sentí tentada a ceder y darle una oportunidad, pero mi instinto de libertad habló más fuerte.
—Rust, hemos pasado momentos deliciosos y placenteros, pero sinceramente, no estoy buscando establecer ningún tipo de relación en este momento de mi vida, me gusta el sexo y el buen sexo que tú me ofreces, me encanta, en pocas palabras, me gusta nuestra dinámica tal como está.
Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga mientras me acerqué a él, me subí ahorcadas y lo besé. Sus manos sostienen mi nuca. —Comprendo tu forma de ver la vida, hace dos noches pensaba exactamente igual, pero por ti no quiero ver a ninguna otra mujer, deseo que sepas y entiendas que estoy dispuesto a esperar y luchar por ti.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda por sus palabras. Era evidente que yo había dejado una marca en su vida, al igual que él en la mía. Podría haber sido fácil dejarme llevar por la tentación de tener a alguien que me quisiera a mi lado, pero algo en mi interior me decía que no debía hacerlo. Sus besos se tornan exigentes, al igual que sus manos recorriéndome como siempre lo hace, con ese deseo que lo caracteriza.
—Móntame diabla, hazme tuyo como siempre lo haces. —Sus palabras me marcan, nos besamos con desesperación. No hablamos, las palabras no son importantes cuando nuestros cuerpos se expresan por sí solos.