CANTO XV Cuanto de la hora tercia al nacimiento del día, cuando asoma en la alta esfera, siempre a guisa de niño en movimiento, tanto distaba el sol en su carrera, al tiempo que a occidente descendía: véspero allá, y aquí de noche era. La luz de lleno el rostro nos hería, pues girando del monte en la pendiente, íbamos al ocaso en recta vía; cuando siento pasar sobre mi frente un resplandor que al mismo día anima, cosa, por nunca vista, sorprendente. Las manos levanté del ojo encima, como resguardo que visión despeja, cuando una luz muy viva nos lastima. Cual de un espejo o de agua en que se espeja, salta rayo de luz a opuesta parte, subiendo en línea por igual, pareja, al que desciende; y tanto se departe, del caer de una piedra desplomada, según lo enseña la experienc

