CANTO XVII Si en los Alpes, lector, te has encontrado entre niebla mirando inciertamente, como el topo al través de ojo velado, cuando espeso vapor de húmedo ambiente comienza a disiparse, y que la esfera del sol en él penetra débilmente; una imagen tendrás, aunque ligera, de cómo el sol a contemplar volvía, cuando ya hacia el ocaso descendiera. Emparejando el paso con mi guía, salimos fuera de la nube oscura, con la luz que del monte al pie moría. ¡Oh, fantasía, que en sublime altura nos enajenas, que ni mil trompetas percibe en sus arrobos la criatura! ¿Quién te da impulso? ¿Cómo te completas? ¡Muévete luz que el cielo mismo informa y por querer de Dios aquí concretas! Vi la mujer, que trasmutó su forma en avecilla, a quien deleita el canto, y que fué de crueldad hor

