CANTO XXV

1029 Palabras

CANTO XXV [ Continuación de la séptima sima de los ladrones. Blasfemia y castigo de Vanni Fucci. Aparición de Caco. Otros condenados. Metamorfosis de hombres y serpientes. Cianfa, Añelo, Brunelleschi y Puccio Squianto. ] Dejó de hablar aquel ladrón nefando, ambas manos alzó, hizo dos higas, miró al cielo, y gritó: «¡Eso te mando!» Cual diciendo: ¡No quiero que más digas!, una sierpe se enrosca a su pescuezo. Son de entonces las sierpes mis amigas. Otra sus brazos ciñe y queda opreso: lo envuelve por detrás y por delante, y como bulto inmóvil queda tieso. ¡Ah, Pistoya, Pistoya, por qué humeante no eres cenizas, si tu fuego impuro fomenta tu semilla malignante! En los circuitos del infierno oscuro no vi ante Dios un ente más superbo, ni el que cayó bajo el tebano muro. Huyó

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