20 de Noviembre de 2015 Esa noche Dominic durmió en el sofá, donde tantas noches lo había hecho yo huyendo de él, pero creo que esta vez el huía de mí, sin poder escapar de él mismo. Lo vi un par de veces cuando salí de la habitación al baño. Seguía tan abatido como cuando había llegado. De repente me pareció viejo y cansado, como una hoja después del otoño, marchita y seca. Algo de su semblante adolorido me despertó piedad, pero él no había tenido hacia mí ni la mitad de caridad de sentimientos que en ese instante me embargaron; así que pesar de encontrarse fuera de mi naturaleza, deseché cualquier idea que me acercara a él. Se merecía más de mi odio y menos de mi amor. Otro pensamiento de altruismo vino a mi más tarde esa noche y por un momento consideré en jugar su juego y consolarlo,

