Salí de baño mirando al suelo, a pesar de saber que hice una idiotez, que nunca debió pasar, en parte, no me arrepentía. — Daniela…—murmuró con la voz débil, levanté la cabeza mirándolo, tenía la mano en una de sus heridas, el camisón blanco se había teñido de rojo, rápidamente me acerqué a él. — Maldita sea Fabrizio, te dije que no podíamos hacerlo—comenté con preocupación— ¡Longo!—grité, tocando con insistencia el botón de llamada a la enfermera, la puerta se abrió de inmediato, me sorprendí al ver a Carlo, pero no tenía tiempo de preguntar— Deja que pasen, se ha abierto una de las heridas—él asintió dejándola abierta, al poco llegaron sacándome de la habitación. Suspiré levantándome de la silla, comencé a caminar de un lado a otro, estaba nerviosa, el médico aún no salía y ya habían

