Ya era el segundo día. El sol brillaba con un esplendor increíble. Después de levantarnos, fuimos otra vez a la parte central de la ciudad para dar una vuelta. En el camino, vimos como un artista callejero hacía un gran espectáculo con títeres. Yo y Rina detuvimos nuestros pasos para prestar atención a su espectáculo. Los muñecos se movían gracias a que sus cuerdas eran sujetadas por irregulares corrientes de viento, que los balanceaban de diferentes formas. El hombre, mas o menos de unos 20 años, los controlaba a todos al mismo tiempo con magia. La historia se trataba de un joven príncipe que escapaba de su castillo para vivir una vida feliz como cantante ambulante. La historia terminó con el chico volviendo a su hogar, y viviendo como un rey respetable que viajó por el mundo y consigui

