Pensando y pensando en lo sucedido, caminando por toda la sala sin respuestas. Mientras caminaba por mi habitación, escuché un crujido extraño de una de las tablas del piso. Con curiosidad, levanté la tabla rota y noté un cuaderno algo viejo, con un encuadernado azul marino y un gato dorado en la portada. Cuando lo abrí, mi sorpresa llegó a ser incalculable. Era el diario de mi abuela, Dalia Wolf. Empecé a leer rápidamente. Aunque me sentía bastante curiosa respecto a la historia de mi abuela, también la culpa hacía que unas mariposas revolotearan en mi estómago. Con algunas palabras ya había respondido varias de las preguntas que tenía sobre ella. Ella, al igual que Daniel y yo, era una reencarnada. Hablaba bastante de sus experiencias con la situación económica de la familia y como l

