–He querido venir personalmente a traer el resto de tus cosas. Miré a mamá y luego a él. –Le estaba agradeciendo. –Dijo mamá. A un lado estaban mis maletas y el coche de Flor. –No tenías por qué molestarte, Eugenio. –Sabía que afuera esta Reynaldo. –Hubiéramos enviado luego ellas. –No es molestia. Le decía a tu madre que salieron tan a prisa, casi huyendo. –Por supuesto que no. Pero Virginia quiere estar junto a Pedro para cuidarlo, ya sabes lo bien que se le da eso, y él no ha estado bien. –Sí, por supuesto. Entiendo. –Mamá le hizo un gesto para que tomara asiento y él aceptó. Yo lo seguí mirando al exterior, el sol apenas me dejaba ver la figura adentro del auto. –También sé que mamá no es una persona fácil. –Ya estaba sentado y me miraba con devoción. –No discuto que quisiera

