—¿Y bien? —pregunta César—. ¿Por qué no has terminado de decirle? —Estaba ocupado, una mujer lo estaba apurando. —Debe ser algo de trabajo. —La mayoría de los empleados de Jack son hombres. —No le des tantas vueltas al asunto, Sofía. Solo cálmate y piensa con la cabeza fría, no puedes pretender que todo salga bien a la primera. —He oído eso antes. —sonrío. —Tu siempre me lo dices. ¡Es una locura! Es simplemente una locura que recuerde las veces que le he dicho eso. La mayor parte del tiempo cuando suelto algo así es porque estoy triste o porque estoy lo suficientemente bien como para decir algo con sentido humano. No digo que sea mala persona porque no lo soy pero, siempre he intentado consolar a la gente en sus peores momentos y con César se me hacía imposible al comienzo.

