Otro detalle, si era la hora de la cena, la chica estaría sirviendo las mesas, así que estaba segurísimo que no entraría nadie en mi ausencia. Poniéndome el jersey ya más tranquilo, me encaminé a la puerta, la abrí y la cerré bien detrás de mí, y por el largo pasillo mientras me dirigía al comedor, pensaba, “Y mañana cuando me tenga que ir, ¿dónde lo voy a dejar?” “Manu ―me contesté a mí mismo para tranquilizarme―., pues en el mismo lugar, seguro que hay no hay forma de que nadie lo encuentre, pero, además, ¿quién lo buscaría?, nadie sabe que lo tienes”, y ya más tranquilo abrí la puerta del comedor, y allí sentados estaban mis compañeros. ―¡Menos mal!, ¡dormilón!, mira que tener que irte a buscar para cenar, cuando eres tú el primero que llegas siempre, diciendo que estas a punto de de

