Capítulo 7

2141 Palabras
–Gracias por ir a la cena– Daniel alejo la taza de café de sus labios para sonreírme. –No fue nada, es nuestro acuerdo. Hablando de eso…– se calló cuando sonaron unos golpes en la puerta de mi oficina. –Adelante– dije y me puse en pie al ver quien era. –Buenos días, Isabel– el señor David Lopez de Haro era imponente para su edad, tenía una voz profunda y pausada, como si hubiera pasado años ensañándola. – ¿Daniel? – miro a su hijo sorprendido, este continúo bebiéndose su café muy tranquilamente. –Padre– mi jefe camino hasta ponerse al lado de su hijo, se sentó muy despacio en la silla vacía, yo me volví a sentar sin saber que hacer. –Es la tercera vez que me te veo en la oficina en la misma semana y que no es por algo personal. –¿Quién te ha dicho que no es algo personal por lo que estoy aquí? – siguió sin mirar a su padre, en vez de eso, me miro a mí. David lo miro y luego a mí– estoy disfrutando de un delicioso café con una excelente compañía… hasta que llegaste tú. –¿Así qué estas distrayendo a mis empleados? – me puse el cabello detrás de la oreja. –Para nada, Isabel está en su hora libre. –se asomó una pequeña sonrisa entre sus labios. –No sabía que ustedes se conocían. – me miro a mí, esperando una respuesta de mi parte. –Sí, hace poco tiempo nos conocimos, no sabía que era su hijo. –Ni yo que trabajaba para ti. –¿Y eso qué tiene que ver? –Que estamos saliendo, padre. –¿Es cierto, Isabel? –Sí. Estamos comenzando a salir y si a usted le parece bien. – paso todo un minuto para que el hombre reaccionara, cuando empezó a reír a carcajadas sentí como todo el peso de mis hombros se disipo. –Eso es fantástico, al fin encontraste a alguien que te lleve por el camino adecuado– le palpo el hombro– Isabel, me dices si te da problemas. Debería hacer una fiesta en tu honor. –¡Oh, no! no es necesario, apenas sí hemos salido. –Bueno, tienes cuatro meses trabajando aquí y ya se duplicaron las ventas de los productos que están bajo tu mando y ahora haces que mi hijo quiera venir a las oficinas por gusto propio. –Daniel se llevó la mano libre a la cara y se la restregó, oculte mi sonrisa. –No he hecho eso, sí él está aquí es porque quiere, yo no lo he invitado a venir. –Cuando se lo cuente a mi esposa querrá hacer una cena para que te conozca. Ve guardando una noche libre de la siguiente semana. –Papá, no será necesario. –Como si no conocieras a tu madre. Pero… no estoy aquí por eso, de casualidad me he enterado de que tienes muy buenas relaciones con la familia Vittini– ¡AY, no! por favor, no. – Conocí a Alejandro cuando estaba casado con Roberta Dacosta, estábamos en planes de creer un convenio que nos facilitaría mucho las cosas, luego sucedió todo eso de que él renuncio a la compañía de su familia y ya no se pudo dar. –No tenía ese conocimiento. –Tú trabajaste varios años para ellos. –Sí. –Quiero volver a poner en movimiento esos planes que teníamos con ellos. –Bueno… la verdad es… –No, no. Tú no estarás en el medio, no te arriesgaría. Solo quiero que hagas que pase una reunión entre la nueva presidenta, no tengo el placer de conocerla. –Puedo hablar con ella, creo que sigue en la ciudad. –Perfecto, podemos hacer una comida. Alejandro y yo fuimos buenos colegas en sus tiempos, me gustaría que esas relaciones continuaran. –Vere que puedo hacer. –Perfecto– aplaudió antes de ponerse en pie, volvió a palpar el hombro de su hijo y con una enorme sonrisa le dijo– felicidades, hijo. Acabas de conquistar una de las buenas, espero no lo eches a perder esta vez. – con esas últimas palabras salió de una oficina tarareando una canción. –No digas nada– Daniel dejo la taza sobre el escritorio, me puse la mano en la boca para ocultar mi sonrisa. ….. –No tienes que seguirme a todas partes– habían pasado unos días, desde que Daniel y yo le estábamos mintiendo a todos sobre esta relación. –Si no nos ven juntos, nadie nos va a creer que realmente somos parejas– puse los ojos en blanco, entre a mi casa y me quite la chaqueta del trabaje. –¿Leia? – la llame, ella ya debería de estar en casa. Escuchaba la televisión encendida, solo ella utilizaba la TV del salón de estar. – mira, necesito mi espacio, no es que seas mala compañía, solo que quiero pasar unas horas con mi hija. – él puso cara de perrito abandonado. –¿Y yo no puedo verla? – me acerque a él, en estos días no nos habíamos separado mucho, donde quiera que mirara él estaba allí, llevándome flores a la oficina, haciéndole creer a su padre que esto era real. –No quiero que tengas contacto con ella– abrió la boca indignado. –Heriste mis sentimientos– se llevó las manos al corazón. –No es por nada malo, pero no sé cuánto tiempo vayamos a durar en esta falsa y yo no quiero que ella se encariñe contigo y luego ya no te vuelva a ver. –Yo no haría algo así, yo ya estoy encariñado con ella, no me la puedes quitar, así como así. –Eres un caso perdido– sonrío mostrando su fila de dientes perfectos. Me giré sobre mis talones y me fui en busca de mi hija. Percibí sus pasos detrás mí– ¿En serio no vas a irte? – negó con la cabeza. –Si vienes a cenar conmigo y traes a Leia. –Estoy cansada, no quiero salir. –No podemos quedar. Pedir algo de comer, ver una película, dormir abrazados. –Ya quisieras. –¡Mamá! – estaba sobre el sofá dando saltos y cantando las canciones de los dibujos animados, ella realmente heredo la parte artística de su padre. –Hola, princesa– llegué hasta el sofá y la sostuve en mis brazos– ¿Qué tal la escuela? –Genial– era la primera vez que decía aquella palabra, por lo que deduje que la había aprendido hace muy poco, le gustaba conocer palabras nuevas y poder utilizarlas. Arturo la animaba mucho a eso. Ella miro por encima de mi hombro. –Hola– saludo al hombre con la mano. –Hola, Leia. –ellos comenzaban a tener una relación y eso me preocupaba bastante. Me hizo que la bajara al piso y fue a saludarlo, yo fui a la cocina por un vaso de agua. –Buenas tardes, Julia– la mujer estaba limpiando el desayunador cuando entre a la cocina. –Buenas tardes, Isabel. –Ya puedes irte, no es necesario que hagas nada más. –Gracias, te deje comida para calentar en la nevera. –Muchas gracias– me tome el agua y lave el vaso de inmediato. Ella dejo lo que estaba haciendo y fue a abrir la puerta que estaban tocando. Volví a la sala de estar donde Daniel se había sentado en el sofá y Leia le hablaba a una velocidad que solo ella podía entender. Él intentaba ponerle toda su atención, asintiendo frenéticamente con la cabeza. –Isabel. – me gire para ver a Julia. –El señor Arturo te busca– me sorprendí de que él no haya entrado a la casa. Leia no la escucho, porque si no ya estuviera corriendo en su búsqueda. –Ya voy– la mujer se fue a la cocina, respire hondo varias veces antes de ir a su encuentro– Hola– él estaba rebuscando en los libreros cuando entre. Me miro sobre el hombro y sonrío. –Hola– dejo lo que estaba buscando y se giró para encararme. – perdón por venir de esta manera. –No ha problema. –Veras, sé que este no es mi fin de semana con Leia, pero a Remy le ha salido un viaje este fin de semana y estaré solo. Hace tiempo que no estoy con la niña yo solo y quisiera saber si dejarías que me la llevara hasta el domingo. Podrás tenerla dos fines de semanas seguidos con ella. – me apoye de la pared, realmente deseaba pasarme la noche abrazada a ella, lo necesitaba. Pero como decirle que no cuando me miraba de aquella forma, parecía nervioso. –Arturo… yo. –Lo entiendo si no quieres, no voy a molestarme, solo quería estar un poco más con ella nosotros dos solos– pero no tú, Isabel. Metete eso en la cabeza. –Es porque Remy y yo nos iremos después de la boda por tres semanas– eso sí que me dolió y no lo pude ocultar porque él dio un paso adelante, poniendo su cálida mano en mi antebrazo– ¿Estas bien? –Sí, es solo que no recordaba que la boda estaba tan cerca. –Sí– sonrió y se le ilumino toda la cara– ni yo puedo creerlo, ya solo falta una semana. –Una semana. – podía sentir mi corazón partiéndose en miles de pedazos. –¿Podemos hablar en privado? – se puso serio, asentí, fuimos al estudio y él cerró la puerta detrás de su espalda–Sé que falta muy poco para la boda y que ya aceptaste, pero… ¿En serio quieres ser la madrina de mi boda? Lo vi en tu rostro, lo que te dolió que te pidiéramos algo así. – estaba luchando con todas mis fuerzas para controlar las lágrimas. –Sí, no, no lo sé, me gustaría, pero es muy duro para mí. No sé si podre pararme allí y verte casar con ella– dio un paso hasta donde yo estaba. –¡Oh! – parecía dolido, sus ojos eran tan expresivos, todo el tiempo me daba cuenta de lo que sentía con solo mirar aquellos hermosos ojos. –Lo entiendo, de verdad que lo entiendo. –Yo… yo te sigo amando, Arturo. –sus ojos se me llenaron de lágrimas. –No, yo pensaba que ya no me querías de esa forma. Imagina que las cosas para ti eran duras, pero que ya habías superado esto, no me hubiera atrevido a pedirte algo así si lo supiera antes. –Lo he intentado, créeme que lo he intentado, pero mientras más pasa el tiempo, mientras más convivo contigo, mientras más adulto te haces, más te quiero. –me envolvió en un cálido abrazo. –Lo siento tanto, eres la única persona a la que no he querido lastimar nunca y a la que más he herido. Quisiera amarte de esa forma, darte todo lo que te mereces, porque eres demasiado para conformarte con lo poco que te puedo ofrecer. Te mereces que alguien baje el mundo a tus pies. –Yo quería que tú me bajaras el mundo. –Yo te amo, siempre lo haré, eres demasiado importante para mí como para perderte, no podría saber vivir sin ti. Sin todo lo que me ofreces, pero tú no te mereces esto. Eres demasiado noble y buena, inteligente. Una persona llena de vida. Si no te hubiera conocido en el momento que lo hice, hoy no sería ni la mitad del hombre que soy. –me destruí en sus brazos, lloré hasta que no pude más. –No llores por mi culpa– me beso en el cabello, pero era inevitable no llorar. –Nosotros vamos a estar unidos para el resto de nuestras vidas y me duele que sufras. –Sigo soñando con que un día te des cuenta de que es a mí a quien amas. –me limpie el rostro humedecido por las lágrimas. Había lágrimas en sus ojos. –Lo siento, lo siento tanto por no saber quererte, por hacerte tanto daño. –Uno no tiene la culpa de a quien el corazón decide querer ¿no? –Lo sé, yo pase mucho tiempo intentado amarte de la misma forma que tú lo haces. Sabe Dios que así fue y lo que me dolió no poder hacerlo. – me libere de sus brazos, necesitaba un poco de distancia entre nosotros. –¿En serio la amas tanto? – no sé porque hice aquella pregunta, porque su respuesta la conocía de memoria. Él asintió, una lágrima se deslizo por su mejilla derecha.
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