Capitulo 19

1439 Palabras
​—¿Esa lágrima por qué, amor? —le pregunto. ​—Me siento feliz de volver a estar contigo, Juan. Solo quisiera que esto no fuera un sueño y, si lo es, no quisiera despertar jamás —responde nostálgica. ​—No es un sueño, mi reina: esta es la verdad, nuestra verdad —y beso sus dulces labios que tanto me encantan. ​—¡Por qué no nos vamos de aquí tú y yo, a donde nadie nos encuentre! —le digo. ​—¡Es lo que más quisiera, Juan!, pero no me puedo ir y dejar a mi padre con todo este problema de la empresa. Vamos a solucionarlo y después nos vamos a donde tú quieras, mi amor… ​—Está bien, mi cielo. Sabes, tengo pensado contratar a una persona para que me investigue toda la situación financiera actual de tu familia, y si es verdad que hubo ese desfalco de dinero o no. ​Se sienta y me ve. ​—¿De verdad piensas que mi padre me está engañando, Juan? ¿Crees que él podría mentirme de esta manera? —la miro directo a los ojos. ​—No lo sé, amor. Por eso quiero llegar a la verdad para poder ayudarte. ​Respira profundo. ​—¡Entiendo! Solo espero que mi padre no me haya metido en todo esto solo por el simple capricho de querer manipularme. ​—Quizás tu padre solo se esté dejando manipular por otros —me observa pensativa. ​—¿Crees que Carlos, de alguna manera, haya manipulado a papá para así casarse conmigo? ​—No saquemos conclusiones, amor. Solo dejemos que el investigador averigüe eso por nosotros, ¿sí? ​Saco mi teléfono, llamo a un viejo amigo y le encargo ese trabajito. Seguimos hablando de trivialidades hasta que se nos pasó la hora de almorzar. Emili se queja del hambre y, de nuevo, tenemos que comer afuera pues no tenemos nada en casa. La llevo a un restaurante, almorzamos un rico platillo y después nos fuimos a un supermercado por comida; me encantaría cocinar para ella. ​—Quien nos viera... parecemos una pareja de recién casados comprando comida para hacer… —la miro y sonrío—. Desearía yo que fueras mi esposa, mi amor. La dueña de mi cuerpo y de todo lo mío, jajajajaja… ​—Jajajajaja, eres un tonto, Juan. Sin casarnos soy dueña de ti, ¿ok? Tú eres mío, “me perteneces”. ​Me emocionan esas palabras; claro que soy de ella. ​—Claro que sí, mi amor. Solo tuyo —y la beso en medio del pasillo. ​En eso aparecen dos de sus ex amigas del colegio. ​—Vaya, vaya, vaya… ¡pero miren a quién tenemos aquí, y con quién! ​Emili se tensa, las observa y se llena de ira. ​—Es mejor que no me molesten, Nico, porque no estoy dispuesta a aguantarlas —les dice furiosa. ​—¿Y qué nos vas a hacer? —dice una de ellas. ​Emili agarra una de sus muletas e intenta pegarles, pero estas se echan para atrás y ella va directo al piso; pero soy más rápido y logro sujetarla antes de que caiga. ​—Jajajajaja, sigues siendo la misma idiota de siempre, jajajajaja. ​La dejo estable y me posiciono delante de ellas. ​—La próxima vez que se metan con Emili, o tan siquiera yo me entere de que le dirigieron la palabra, se las van a ver conmigo. Y como no conocen de lo que soy capaz, entonces no les recomiendo que lo averigüen, porque soy una basura cuando se meten con alguien que es valiosa para mí. Pero como ustedes no tienen a nadie que las quiera, no saben lo que es ese sentimiento; así que es mejor que desaparezcan de mi vista y se vayan a la mierda, que es a donde pertenecen, par de brujas. ​Salen despavoridas porque les hablé como el demonio; sentía mucha rabia en mi interior. Me volteo y veo a Emili recostada de una pared con los ojos llorosos. ​—Amor, ven aquí. Perdona todo lo que dije, es solo que… ​No me deja terminar de hablar y me clava un beso en los labios. ​—¿Y eso qué fue, amor? —la miro sin entender. ​—Eso es una muestra de mi amor por ti. Nunca nadie me había defendido de esas salvajes y tú lo has hecho... ¡y estas salieron despavoridas! Jajajajaja. Gracias, Juan. Gracias por regresar de nuevo a mi vida. ​—Siempre te voy a defender, mi amor. Para eso soy tu hombre; nunca más voy a dejar que nadie te humille o te haga pasar un mal rato —y le acaricio su hermoso rostro. ​—¡Gracias! ​Terminamos de escoger las cosas, pagamos y luego nos vamos a mi departamento. Llegamos cansados, nos duchamos cada uno por separado porque ella no se quiso bañar conmigo por su periodo; y yo deseando, así sea, verla desnuda, pero ¡nadaaaaa! Luego nos pusimos ropa cómoda y nos acostamos a dormir. ​Hemos pasado varios días maravillosos, ella y yo, perdidos del mundo exterior. Solo esta mañana encendí mi teléfono para hacer un pago que necesitaba hacer, pero no revisé ni las llamadas ni los mensajes, y menos las r************* . No me importa saber de nadie porque todo lo que quiero lo tengo conmigo; puse mi teléfono en silencio y lo dejé a un lado. ​Emili ha estado mucho mejor de su tobillo; por lo menos lo puede afincar y dar pasos sin las muletas. No hemos hecho el amor y estoy casi que muero; solo espero que hoy suceda porque me he dado muchas duchas frías últimamente y creo que me estoy enfermando. Sus besos se han convertido en mi obsesión y el tocar su cuerpo en mi pasatiempo favorito: me encanta cada vez más esta mujer, ¡pero necesito hacerla mía! ​Ella está en la cocina tratando de cocinar algo que vio en internet y me le acerco por detrás. Está vestida con un short muy corto y una camiseta ajustada a su cuerpo y, de paso, no lleva sostén. La abrazo por la espalda y ella se estremece a mi tacto. Huelo su cuello hasta llegar a su oído para murmurarle: ​—Me encanta tu olor —acaricio su brazo y luego su abdomen que tanto me encanta; es tan tonificado. Beso el lóbulo de su oreja y ella echa su cabeza para atrás. ​—Ya no aguanto más verte y no tenerte, mi amor. Te deseo tanto, te necesito… dime que ya podemos estar juntos, por favor… ​Se voltea y lo primero que observo son sus senos; sus pezones están erectos. Luego pongo mi mirada en sus ojos y ella sonríe al darse cuenta de cómo miré sus hermosas montañas. ​—¡Te gusta lo que ves! —exclama con voz seductora. ​Me mojo los labios y le respondo: ​—¡Me encanta, mi amor!… ​Tomo sus brazos y los posiciono en el mesón de la cocina, me pego a ella y comienzo a besar su cuello, el cual deja expuesto para mí. Voy dejando besos húmedos por su piel y su respiración se agita. Llego al centro de sus senos y los toco por encima de su camiseta; ella jadea un poco y yo ya estoy que reviento la cremallera de mi pantalón. Cuando le voy a quitar la camiseta, suena el timbre. ​Me sorprendo porque nadie sabe que vivo aquí. Emili se detiene, se acomoda un poco su ropa y dice que va a abrir ella porque no quiere que nadie me vea así: y señala mi parte baja. ***************************************************** ​¿Por qué será que siempre sucede algo cuando voy a hacer el amor con Juan? Acaso será el destino que no quiere que estemos juntos. Al abrir la puerta, me consigo con una mujer muy alta y elegante; debe tener más o menos mi edad. Me ve de arriba abajo y pregunta: ​—¿Este es el departamento de Juan? ​O sea, ¿y esta quién se cree para hablar así, sin siquiera saludar? También la veo de arriba abajo y le respondo: ​—¡Buenas tardes! ¿Tú quién eres? ​—¡¿Yo?! Su mujer… ​En ese momento sale Juan; ella lo ve y se lanza a sus brazos… ​
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR