Seguimos caminando durante un rato hasta que llegamos al centro de las instalaciones. El edificio, desde el exterior, se había visto inmenso. De un blanco impoluto, capaz de camuflarse con el paisaje ártico; el interior no había tenido nada que ver. Hacía calor y los colores metálicos abundaban en cada pasillo por el que habíamos pasado hasta llegar a lo que suponía que era la sala de reuniones. —Atlas nos espera dentro —avisó Ethan. Thomas fue el primero en hablar: —¿No debería habernos recogido en la entrada del edificio? Él también lo había notado... Lo normal hubiera sido que alguien nos hubiera esperado en la puerta, pero no había sido el caso. —Conozco a Atlas desde hace años y tampoco es mi primera vez en el Ártico. No hay de qué preocuparse —se limitó a responder. S

