Resoplé mirando a Thomas. —No puedes seguir así todavía, Thomas. Él continuó con su teléfono, sin mirarme. —¿Quién dice que no? Me pasé las manos por la cara, hastiada. Esto estaba siendo un infierno de mundo desde que había decidido meterme en la habitación de André. Thomas estaba haciendo un berrinche de niño pequeño y de verdad que comenzaba a cansarme. —Estás siendo un inmaduro. ¿Lo sabías? —¿Me estás diciendo que yo soy el inmaduro aquí? —me respondió sin apartar la vista del teléfono. Me levanté molesta y caminé directa hacia él arrebatándole el teléfono y obligándole a mirarme. —Sí, Thomas, tú eres el inmaduro. ¿Quieres dejar de mirar el puñetero movil y mirarme a los ojos al menos? —pregunté moviendo el teléfono de un lado para otro. Los ojos de Thomas eran intens

