Salí de la sala con una sensación de victoria que no me cabía en el pecho. Después de unos instantes, sentí como la puerta que había dejado atrás se abría de nuevo y noté unos pasos rápidos y sonoros que se acercaban tras de mí. —Bien hecho —me felicitó Ethan poniéndose a mi lado con una sonrisa—. Le has cabreado más que en toda su vida. Hice una reverencia con mi cabeza mientras seguía caminando y solté una carcajada. —¿Viste la cara que se le quedó? —cogí su brazo para apoyarme, puesto que no podía parar de reír. —Sí, parecía que iba a explotar —respondió él, riendo también—. Creo que nunca olvidaré este día. —Ni yo —dije, mirándole a los ojos—. Gracias por estar conmigo, Ethan. —No hay de qué —dijo él, con una sonrisa que no pude interpretar—. Tú también eres muy importante para

