—Quieto, chico—resopló Mason, jalando de la correa de Apolo—. Te pareces a tu dueño, tan impaciente. Luke, Hunter, Gavin y Theo estaban de pie observándome burlescamente—en el altar improvisado que diseñó mi madre— porque apenas si podía soportar la ansiedad que crecía desde mi estómago cuando pensaba en Grace y en lo que estábamos a punto de hacer, casarnos, nos íbamos a casar. Estaba malditamente asustado, pero también estaba tan feliz que iba a colapsar en cualquier momento. Sin embargo, mantuve mi fachada de entereza, aunque no haya funcionado del todo porque todos los muchachos se echaron a reír. —Si hasta se le nota que está desesperado—se burló Gavin—. Hombre, cuando intentas parecer indiferente, más irritada se ve tu expresión. —No querrás que lo primero que vea Grace al ca

