Comenzaron su camino a través de las oscuras montañas, atravesando senderos y valles para poder llegar al pantano. Por su parte, Iida, Sero y Aoyama se habían detenido para comer algo y seguir con su camino. Lo que más les pidió Bakugō fue que viajaran de noche, para no perder el camino de Orión. -Hanta, ¿puedes ver el fuego? Iré por algo de comer. -Claro. El rubio Elfo llegaba con agua. La dejó al lado de Sero. El peliazul se encaminó en busca de alimento. -Le gustas- dijo de pronto Hanta. -¿A quién?. -A Tenya. Aoyama se puso cómo tomate. -Ideas tuyas- respondió sin mirar. -No lo son. Tenya no es mucho por la cacería o colecta de alimentos. Pero tal parece que no quiere que su Imperial tenga hambre. Yuga sentía que su rostro iba a estallar, miró a lo lejos aquélla figura alejar

