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Pov Giacomo Fascinelli
Llevo muchos años siguiendo la vida de Gianna Bellucci, desde que tengo uso de razón mi tío me dijo que su padre mató al mio por su ambición desmedida y su falta de honor, en la mafia el honor y la lealtad son todo. Por eso Salvatore Bellucci deberá de pagar vida por vida, aunque hubiera intentado ocultarla con esa pareja británica la encontramos por su obsesión de seguirla a todos lados todo el tiempo. Ese viejo solitario se fue consumiendo de a poco y ahora está en las últimas, por lo que debo darme prisa con mi vendetta.
Las mujeres no se resisten a mi, una mirada lasciva, un guiño o un roce y las tengo de rodillas ante mi dándome placer. Ese ratón de biblioteca que se hace llamar Morna Fraser no será la excepción. Debo de reconocer que Gianna es una mujer hermosa, alta, delgada pero con curvas, piel bronceada, ojos color avellana, una boca normal pero que puede dar una muy brillante sonrisa, cabello marrón oscuro. Como dije, no está mal, al menos no será un suplicio meterla a mi cama.
Aunque en realidad mi cama nunca está vacía, sí no encuentro voluntarias siempre están las prepago, ellas a veces son más divertidas, no hay límites en lo que se dejan hacer, puedo ser tan exigente y dominante como quiera serlo ya que el dinero siempre lo cubre todo.
Soy un maldito, lo sé. He estado maldito desde que nací y decidí aceptarlo y comportarme como mi tío espera que lo haga, a veces es más fácil sólo fluir. Ya que en esta vida me tocó ser un traficante sin corazón eso soy y eso seré hasta que el final me llegue.
Por eso no me remuerde la conciencia por destruir a Salvatore y a su preciada e inocente hijita, Gianna.
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Llevo un rato esperando a que la ratoncita salga de clases, necesito un encuentro fortuito que sea el perfecto inicio del cuento de hadas de la niña. La hemos estudiado lo suficiente para saber que es una ilusa, nunca ha tenido novio, a todos lados se mueve con su supuesto mellizo. No es tímida o callada pero es muy reservada, hasta diría que es demasiado selectiva con las personas a su alrededor, al parecer no cualquiera es digno de su atención, o es una soberbia o simplemente es torpe para socializar pero eso estoy por saberlo.
La ratoncita se distrae con algo en su bolso y baja la cabeza, sigue avanzando sin cuidado y me pongo en su camino para tropezar con ella.
Lo primero que percibo es su aroma, es dulce y embriagador. Su aliento golpea en mi pecho y mi piel reacciona con un escalofrío hasta que nos miramos a los ojos y el rubor sube a sus mejillas por sentirse avergonzada.
Debo de reconocer que la subestimé un poco, en persona es cautivadora y me despertó un deseo al instante, es buena conversadora, evidentemente culta y tiene esa aura de inocencia que encanta. Cuando tomé su mano para besarla el calor de su piel me alteró, saliendo de aquí necesitaré un desfogue.
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Estoy en mi departamento sentado en mi sofá con los pantalones abajo y una ramera de rodillas frente a mi dándome placer desde hace rato pero no me saco de la cabeza su mirada avergonzada y sus mejillas ruborizadas, levanto a la rubia y la pongo en cuatro, me pongo un condón y la embisto sin delicadeza como un animal, ella gime y grita pero no emite palabra alguna.
Yo sigo en mi faena y pienso en sus sonrisas, eso sí me pone a punto, mi mente me hace imaginar que es a ella a la que me estoy follando y funciona, ahora si siento que mi cuerpo arde, me inclino a morder el cuello de la mujer, recuerdo lo que sentí al besar su mano y sin más me vacío.
¿Qué brujería es esta?
No entiendo porqué he sentido tanto deseo por un simple beso en la mano. No puede ser que el cazador termine cazado, de ninguna manera.
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El día siguiente vuelvo a esperarla a la misma hora y el mismo lugar, le llevó una rosa roja y ella me sonríe, me acerco a darle un par de besos en la mejilla a manera de saludo y vuelvo a inhalar su aroma.
¿Qué la hace ser tan irresistible para mí? Tal vez sólo necesito probarla una vez para que este deseo se calme.
—Esta vez no debo ir a la biblioteca, estaba pensando que podríamos ir a la torre de Londres, es un museo muy interesante y el lugar es un punto que no puedes dejar de conocer.
—Iré a dónde sea que quieras llevarme, bella Donna. —Y ahí está de nuevo, el rubor en sus mejillas.
Al menos no soy el único encandilado. La visita fue entretenida, tuve que fingir que era la primera vez que visitaba los lugares de los que ella hablaba con entusiasmo.
Hablaba mucho sobre su familia, no sé sí es una excelente actriz o genuinamente no sabe cuál es su verdadera identidad.
El miserable de Salvatore hizo una buena jugada tratando de sacarla del mundo de la mafia, pero cometió el error de dejarla crecer en la ignorancia de que esta vida es una sentencia que jamás te abandona.
En otras circunstancias si hubiera estado interesado en Gianna como para algo serio pero en estas somos como Romeo y Julieta, a diferencia de Romeo, yo no moriré, la única bajo tierra será la pobre Julieta.
Han pasado algunos días, los padres falsos de la ratoncita viven en su mayoría entre México y Estados Unidos, con ellos viven los hermanos menores y Gianna insiste en presentarme con el único que vive aquí y con ella, el mellizo falso. Me tocará poner mi mejor cara y mostrarle a un enamorado hombre de su hermana.
Estamos de nuevo en la cafetería de la universalidad la cuál se ha vuelto nuestro lugar más recurrente.
A lo lejos veo venir a un chico alto y menudo, usa lentes y bata de laboratorio, otro ratón de biblioteca. Sorprendentemente si tienen el mismo color de cabello, supongo que eso les ha servido para que su historia sea creíble.
Me pongo de pie y le extiendo la mano cuando el llega hacía mí.
—Hola, Alastair, es un gusto conocerte. Soy Giacomo Vitale, el futuro novio de Gianna. —La cagué, ellos no le dicen Gianna sino Morna.
Le guiño un ojo a la ratoncita, y le digo.
—Soy Italiano, prefiero tu segundo nombre, cara. — Y de nuevo el rubor aparece.
—Es interesante conocerte, Giacomo, como sabes, mi nombre es Alastair Fraser, soy el hermano mellizo de Morna y uno bastante receloso a decir verdad. — Me dice el enclenque ratón.
—Disculpa su mala educación, a veces se les sale lo bárbaro a mí padre y hermanos. —Lo justifica Gianna.
— Descuida, Cara, creo que sí yo tuviera hermanas también sería sobreprotector, más sí son tan hermosas como tú.
—Suenas como todo un conquistador, Giacomo. —Me dice el ratón.
—No lo niego porque mis intenciones son muy claras con tu hermana, Alastair. Me ha bastado con verla una sola vez para decirle que terminará siendo mi esposa. Ella me ha contado que sus padres tienen una historia parecida así que no debería de extrañarte.
—No creo que lo que mis padres tienen se consiga tan fácil. Eso se debe ver con el tiempo y yo estaré en primera fila para comprobarlo.
No puedo negar que el ratón tiene agallas pero no tiene ni idea de a quién se está enfrentando, ese pobre ratón no sabe que a este gato no le tiembla la mano para quitar de en medio a cualquier enemigo que quiera frustrar mis planes.