Kenny observaba la espalda y el trasero de Carly. El impulso de meter las manos sobre ella era tan grande... y cada vez se le hacía más difícil disimular lo que le pasaba con ella. Se acercó más a la mujer y olió su aroma. Carly se revolvió incómoda y se dió vuelta. —¿Qué haces? — exclamó con los ojos muy abiertos. Él alzó la mano y con el dorso acarició su mejilla. —Creo que sabes muy bien lo que hago— le respondió con voz ronca y bajó la cabeza para chocar sus labios con los de ella. Carly puso las manos sobre su pecho mientras la lengua de Kenny invadía la humedad de su boca enroscando la suya con un jugueteo sensual que hizo que las bragas de la rubia se humedecieran. Hacía mucho... pensó ella. Kenny buscó el botón de su jean para meter su mano en la entrepierna femenina pero

