—Su tía no tiene meses de vida, solo le quedan algunas semanas… lo siento mucho… si necesita algo, cualquier cosa, puede decirme…— le había dicho el médico mayor con cara compasiva en la sala de espera mientras ella sentía como el mundo se le caía encima.
Carly sintió que las piernas le temblaban mientras el médico le palmeaba el hombro…
Pero ni siquiera tuvo tiempo de digerir la noticia pues la buscaron de la administración del hospital… pues alguien debía hacerse cargo de la cuenta que adeudaban.
—Mi casa, está a punto de ser rematada, por favor…— dijo con los ojos llenos de lágrimas en la oficina ante la mujer de mirada fría que suspiró con visible hastío.
—Voy a ver que se puede hacer, pero no le prometo nada, le sugiero que hable con el servicio social… señora…— la última palabra la dijo con asco casi y ella lo sintió como una bofetada.
La mujer se dio cuenta Carly, tenía la edad de ella, pero se veía más vieja.
—Yo… te conozco… tú ibas a la prepa…— le dijo ella repentinamente y la otra la miró con sarcasmo —. Tu eres… Pipa, “cuatro ojos Pipa” — le dijo con triunfo granjeándose una mirada desaprobatoria. La recordaba pues le hacían bromas, aunque era tal vez un año menor que ella según recordaba.
—Que tal Carly, "bienvenida al pueblo"…— le dijo con voz seca y cerró su carpeta —. Ahora si me permites, tengo que ver otros familiares por estos temas, NO ERES LA ÚNICA…— concluyó de forma venenosa y ella tragó saliva.
Ok, evidentemente había algunos resquemores en el pueblo por lo que veía, aunque habían pasado cuanto… ¿veinte años?
Para Carly parecía que había pasado una vida… pero las personas a las que había molestado aún recordaban, no importaba si fue hacía veinte años o ayer, lo que ella no sabía era que esa gente que había molestado en la escuela aún tenía las heridas de sus maltratos frescas.
La mujer rubia se levantó secándose las lágrimas y se fue de allí con toda la dignidad que pudo reunir.
Ella tenía una amiga, de todo el séquito que tenía, Molly, pero hacía años que le había perdido el rastro… igual que a las demás.
Muchas se fueron de ese horrible pueblo para probar suerte, como ella, a otra ciudad.
Carly se frotó la frente cansada… mierda necesitaba un cigarrillo, aunque estaba tratando de dejarlo.
Salió por el pasillo largo hacia fuera, necesitaba respirar aire y pensar.
Había tratado de comunicarse con el infeliz de su hermano, pero había sido imposible, maldito renacuajo inútil… un parásito como su padre.
Esa mañana su tía había tenido un ataque y cómo pudo la montó en su carro y la llevó al hospital. Ni siquiera sabía si había cerrado la puerta con llave. “Esto no es LOS ANGELES Carly”, se dijo mentalmente. Allí difícilmente alguien se metería a su casa.
Cuando salió le dio un rayo del sol en la cara y el olor familiar del tabaco se filtró en sus fosas nasales.
Miró hacia el costado. Había una médica, joven, no la reconocía de sus tiempos del colegio.
Se acercó despacio y le pidió casi con vergüenza un cigarrillo que la otra le dio sin problemas, y hasta se lo prendió.
—Gracias…— dijo con los ojos llenos de lágrimas ante el primer gesto de amabilidad mientras daba su primera pitada.
La joven, una bonita de quizá unos treinta, cabello lacio castaño y ojos del mismo color, delgada, le sonrió.
—No es nada… ya todo pasará…— le dijo como consuelo, y tiró su cigarrillo en el tacho para ello antes de meterse nuevamente al hospital.
Odiaba ese pueblo desde el fondo de sus entrañas pensó la rubia.
El único gesto amable que habían tenido con ella desde que llegó fue de una completa desconocida…La gente la miraba con pena o con asco… y ella ni siquiera quería seguir indagando, de solo pensar que alguien pudiera haber visto sus videos XXX hacía que le subiera la bilis a la garganta.
PUEBLO DE MIERDA… nunca le habían dado nada, no les debía nada carajo… lo de la prepa había sido hacía un millón de años… ella no se merecía ese maltrato.
Y si se había equivocado cuando había sido una niñata ya lo había pagado con creces.
Las lágrimas cayeron por su rostro sin que pudiera contenerlas y su mano tembló cuando llevó el cigarrillo a su boca.
Antes de decirle que su tía estaba desahuciada el médico le informó que tenía la opción de dejarla internada, que era lo que recomendaba, o llevarla a su casa, con todos los cuidados claro.
Debía contratar una cama de hospital y todo el equipo, así como una o dos enfermeras especializadas.
COMO SI EL DINERO LE SOBRARA.
Pero su tía era como su verdadera madre, ella y su abuela lo fueron.
Su tía sabía todo lo que le había pasado en Los Angeles, todo de su vida, con ella no tenía secretos, era como una verdadera madre para ella… y el día que se fuera no le quedaría nada, NADA NI NADIE…
Una sensación horrible de desazón se adueñó de ella… sentía gusto a mierda en la boca y sabía que no tenía que ver con el cigarrillo.
Iba a estar sola en el mundo por completo, nadie se iba a preocupar si aparecía muerta en la carretera… si estaba viva o muerta.
—Ese, es un pésimo hábito…— le dijo una voz familiar a sus espaldas y su piel se erizó por alguna circunstancia que Carly no llegó a captar.
La rubia se dio vuelta y debió mirar hacia arriba, tirando hacia atrás su cabeza.
Un hombre que parecía un dios, musculoso y atractivo de quijada cuadrada y cabello castaño rojizo la miró con unos increíbles ojos claros e intensos.
Un flash vino a su memoria… recordó a sus amigotes haciéndole la zancadilla a un chico pelirrojo con gafas, él se había caído y sus gafas acrílicas se habían roto a la mitad mientras ellos se burlaban…
—¿Kétchup? — exclamó azorada. Del chico con gafas nada quedaba, ese hombre estaba vestido con ropa fina, tenía porte, los hombros anchos y aunque era delgado se lo veía fibroso. Sus músculos se marcaban en su camiseta polo de manga corta, su pantalón de color arena tenía calce perfecto, parecía hecho a medida y estaba segura de que los zapatos de cuero eran más caros que su puto automóvil. En la muñeca llevaba un Rolex y por lo que vio de reojo, no tenía anillo de casado.
Él sonrió, y su piel se estremeció aún más todavía.
Descubrió sus dientes perfectos y blancos, parecía un modelo publicitario, aunque su sonrisa parecía demasiado complacida y por alguna razón esa situación le dio una mala espina.
—La gente me conoce como Kenny, o el tío Kenny ahora… ya NADIE me dice así…— le contestó y había un pequeño filo peligroso en ese NADIE, pero ella prefirió hacer caso omiso de eso — Igual es un “enorme placer” verte de nuevo… CARLY