Carly estacionó su desvencijado auto frente a la casa familiar y se reclinó sobre el volante. Quería llorar, estaba cansada, tan cansada de todo y todos… Lagrimeó un poco, antes de secarse las lágrimas y cuadrar los hombros. Su tía era toda la familia que le quedaba, su tía de Los Ángeles que la había echado a la calle cuando más la necesitaba ni su marido degenerado contaban, todo lo que tenía era esa casa y esa tía… Suspiró. Iba a hacer de los últimos días de ella los más felices si podía… se prometió a sí misma. Bajó con paso decidido del auto y se dirigió a la puerta de su casa para entrar. Primero se lavó las manos en la cocina, y se limpió un poco la cara, antes de ir a la habitación. Una de las enfermeras, una mujer de mediana edad de color, la cuidaba. La mujer tenía una más

